domingo, 1 de diciembre de 2013

Gloria

¿Qué pecho he de penetrar
con la luz de mis letras?
¿El de los hombres doctos
apegados a sus doctrinas,
enemigos de la fragilidad,
represores y sin esperanza?
¿El del político gris
que atiende con alma mezquina
sus triviales intereses?
¿El de los hombres mundanos
tan colmados de jactancia
como estúpidos y huecos?
¿El de la mujer traidora,
fría de corazón
y cuidadosa de su honra?
¿El de los viejos de espíritu,
cansados de la Humanidad
y llenos de escepticismo,
que solo creen en el mal?
¿Dónde está la autoridad,
qué boca puede avalar
la honestidad con que escribo,
a qué puerta he de llamar
para alcanzar la gloria?
¿Será el pueblo más llano,
que apenas se hace preguntas
y admira el brillo dudoso
de la voz contentadiza?
Escribo al hombre desnudo,
entregándole mis sentimientos,
despojado de crueldad,
con la llaneza de la verdad
y la pasión de la vida;
entreguen todas las medallas
al que las tenga
como su única meta 
que yo haré estremecer las almas
en su oculta hondura.

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