jueves, 5 de diciembre de 2013

Cimas del Paraíso. XXVI

Hay un lucero en tu corazón 
que rutila desde su hondura, 
es tierna dulzura, 
calor que en el alma tiene 
una niña de miel y rosas, 
es la luz que te alumbra 
y alumbra tu hermoso rostro, 
es la luz que veo en tu mirada 
cuando sueñas o cuando tramas 
pequeñas maldades, 
es el lucero que habita 
mi pecho entregado 
y da a mis días el esplendor 
de todos los paraísos, 
es tu raíz, tu embrión, 
tu resumen, tu esencia, 
ese lucero lleva 
tu solo nombre; 
rayos de él vislumbré 
cuando, tras abrir mis párpados 
para contemplar por primera vez 
la luz cegadora del mundo, 
volví a cerrarlos 
para buscarme a mí mismo 
en el caos recién descubierto. 

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