viernes, 15 de noviembre de 2013

Sin explicación

A Lluvia

Hay quien no comprende 
que, teniendo yo 
tan abundante compañía, 
necesite luchar 
por la amistad de una extraña, 
como si hubiera que poner 
alambradas a los sueños 
o como si mi afecto pudiera brotar 
de la voluntad más indolente. 
¿Acaso la felicidad no es 
avanzar hacia el horizonte 
por los caminos que más nos seducen 
sin atender a otra razón 
que experimentar el placer de la vida? 
Que busquen razones y explicaciones 
las almas frías, 
apegadas al prejuicio, 
capaces de renunciar a su corazón 
por aparentar empaque. 
Eres hermosa y célebre, 
como tantas otras mujeres, 
pero mi deseo no puede 
intercambiarte por otra; 
eres única en el mundo, 
así como es único 
este poema escrito para ti; 
con fortuna, tus bellos ojos lo leerán 
y, aunque no me conoces, 
tal vez vislumbres en tu espíritu 
la desazón que siento ahora, 
el sombrío horror a la soledad, 
la desesperación por mi insignificancia, 
el desencanto que me produce 
toda la ingrata mezquindad de mis semejantes, 
mi ansia de no morir 
para las otras almas, 
el drama de que sus oídos se cierren 
al clamor de mi entraña; 
tal vez vislumbres en tu espíritu 
lo que estas torpes palabras 
intentan sugerir 
y, dirigiendo a mí tu mirada, 
me des el nombre de hermano, 
tan solo eso 
bastaría para calmar mi agonía. 

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