lunes, 18 de noviembre de 2013

Sendero de esperanza. XVII

No podría amar a todo el mundo, Lluvia,
como mucho, a veinte personas
pero, de verdad, a menos de diez,
imprescindibles, dos o tres,
que hagan llaga en mi pecho,
solo una.
No hay un corazón capaz
de amar a todo el mundo
pero para ser feliz no basta
el bienestar de quienes amamos,
en el que nos empeñamos con firmeza,
es preciso abrir nuestro pecho
a la belleza de nuestra especie,
la que tienes tú
y el resto de mis amigos,
aquel ser por el que sigo en pie
y yo mismo;
los otros nos habitan,
conforman nuestra esencia,
justifican nuestras vidas;
para ser felices es preciso
venerar al hombre,
idolatrar su dignidad,
sentir en las venas
la armonía con nuestra naturaleza
y hacer de la paz y la justicia
fundamento de nuestras vidas. 

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