miércoles, 13 de noviembre de 2013

Sendero de esperanza. VIII

No hay felicidad alguna 
fuera del amigo; 
la humilde mano que nos tiende, 
la cándida inocencia de su abrazo, 
la ternura de su beso, 
la familiaridad de su voz, 
el calor de su palabra, 
la pasión de su afecto 
son el sumo bien de los hombres, 
la cumbre de la existencia, 
la más halagadora dicha 
que albergan nuestros días. 
No hay amor ni dulzura 
fuera del amigo; 
no hay esperanza ni horizonte, 
no amanece, ni se abren las flores, 
ni cantan los pájaros, 
ni vuelve la primavera 
sin la caricia de la amistad. 
La dueña de mis entrañas 
es una sencilla amiga, 
fiel reflejo de mi corazón, 
una amiga niña que me ha abierto 
el caudal de su pecho 
con la humildad de un hermano; 
nuestra unión nos redime 
porque no somos más que amigos, 
amigos felices y eternos 
bajo el implacable lazo 
de la libertad. 

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