miércoles, 13 de noviembre de 2013

Sendero de esperanza. VII

El corazón es sencillo, 
no puede amar todas las cosas, 
reserva su afecto verdadero 
para unas pocas 
que cautivan su hondura. 
Nuestros caminos 
se hunden en la soledad, 
es un milagro hallar 
unos ojos que penetren 
en el mar de nuestra entraña, 
un pecho al que no fatiguemos 
y que refleje el nuestro 
sin la decepción de una vacilación. 
Pocas almas embarcamos 
en la singladura de nuestra esencia 
y pocas nos premian 
con el calor 
de un abrazo franco y eterno. 
Un gran amigo es algo extraño, 
un regalo de la vida, 
sorpresa cósmica, 
bien escaso que nos libra 
de la bruma gris de nuestros días. 

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