sábado, 9 de noviembre de 2013

Sendero de esperanza. I

Mi corazón se abre 
en el albor de la cumbre 
a la infinita belleza 
de mi amada especie, 
al candor de su mirada, 
a su osada ternura. 
Admirado, 
lleno de gozo, despierto 
a la pasión por mis semejantes, 
a sus rostros resplandecientes, 
a sus cuerpos limpios donde palpita 
la inocencia 
pues no hay miserias ni culpas, 
suciedad ni vergüenza 
en las gentes que se entregan 
a su llama sagrada. 
¡Qué hermosa es la Humanidad, 
cuánta nobleza, cuánta bondad, 
cuanta luz albergan 
las almas de los hombres! 
Mi corazón se abre, 
a la mitad de mi tránsito, 
a los goces del afecto, 
a la dicha de querer; 
ansío sentir, con un alma libre 
tras una larga y tenebrosa noche, 
la dulzura de los otros 
toda la fe depositada en la vida 
y arrostrando con valor 
mi condición perecedera. 

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