lunes, 11 de noviembre de 2013

No puedo saberte

A la mujer que anima mi aliento

Lo que has traído a mi vida
escapa a mi raciocinio.
¿Acaso dice algo sobre lo que me inspiras
que todo lo real sea ignoto
excepto para nuestros sentimientos
para los que no hay palabras
ni descripción posible?
¿O que, en el amor, nos transformamos
en reflejo y expresión del otro
e iniciamos un viaje
hacia lo más remoto y desconocido?
Las explicaciones son
la burocracia de nuestros afectos,
clasifican, retardan, enfrían, manipulan
y, al final, sellan su defunción
como ostentación de perpetuidad.
Mi corazón es un río,
llama de una hoguera
que nunca se apaga,
aire que el azar va moviendo,
sin rumbo ni regla;
no tengo razones para vivir,
solo una voluntad irrefrenable
de cumplir el destino
grabado en mi instinto;
la luz del saber no alumbra
esa llaga de mi deseo
que has abierto en mi pecho;
no sé qué es lo que siento,
ni por qué lo siento,
ni puedo calcular su magnitud,
desmedida e inmensa
como el más extenso océano,
no puedo abarcarte,
ni saberte, ni describirte
por más que lo intente
en un millón de poemas
pero tampoco es preciso,
mi sentimiento me guía
con su instinto poderoso
y por él estoy seguro
de que tu presencia redentora
es mi fundamento. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario