domingo, 3 de noviembre de 2013

La luz de un rostro



A Lluvia

Querida Lluvia, mi chica 
es tan bella como tú; 
por eso, cuando la conocí, 
temí que quisiera conquistar 
a Leonardo DiCaprio 
o que aspirara a ser consorte 
del heredero a algún trono; 
pero ella me confesó 
que DiCaprio no era su tipo 
y que su realismo era 
más bien el marxista; 
así que dejé 
que mi corazón concibiera 
alguna esperanza 
y, después de un año y medio, 
ya creo que voy 
consiguiendo algo de ella. 
La belleza no es 
imperativo de la humanidad 
porque, de lo contrario, 
yo sería un ser perverso, 
siempre al borde de la ley 
por tener esta cara; 
pero, a veces, la sociedad 
pareciera que cree 
que tenemos que ser feos 
porque supone a los guapos 
sin talento para nada, 
con un alma imperfecta 
por haber la naturaleza 
derrochado su virtud 
en lo menos importante. 
Las mujeres bellas 
sois tan bellas porque tenéis 
el corazón de niñas, 
os atrevéis a vivir 
la diferencia que os hace reales, 
sois libres y valientes; 
si una bella carece 
de un espíritu hermoso, 
su belleza es repulsiva 
como la de una serpiente 
y nadie repara al mirarla 
en lo lógico de sus facciones; 
solo se percibe la hermosura 
de los verdaderos ángeles 
pero en esta sociedad de esclavos 
no está permitida 
la felicidad 
y aún nuestras virtudes más evidentes 
han de llenarnos de frustración. 
Yo puedo asegurar 
que el corazón de mi amada 
es tan profundo y fascinante 
como sus ojos de azúcar, 
tan tierno y seductor 
como sus labios de espuma, 
tan sabio y equilibrado 
como su frente niña, 
tan noble y armonioso 
como la noche de su cabello. 
No hay que despreciar la luz 
que resplandece en un rostro 
porque sus rayos son versos 
que llenan el alma 
de libertad y nobleza. 

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