viernes, 29 de noviembre de 2013

Cimas del Paraíso. XVIII

No soy un privilegiado de la vida; 
he vivido muchos años duros, 
sufrido agonías infinitas, 
le he visto muchas veces 
la cara al horror, a la humillación, 
al hastío, a la decepción; 
he resistido de pie 
a los embates del infortunio
y he podido vencerlo 
con el arma de mi rectitud; 
no soy un privilegiado de la vida; 
el mundo me ha sometido 
a la difícil prueba 
de luchar en soledad por salvar al alma, 
sumida en un abismo 
de miserias y vergüenza; 
no soy un privilegiado de la vida 
pero, cuando arribaste a mi costa, llevabas
en tu divino regazo 
el resplandor de un paraíso; 
amarte es mi mayor caudal 
el más exuberante que puedo concebir, 
me lo has otorgado 
con la generosidad de un ángel;
amarte es la miel de mi hondura,
beatitud apaciguada,
manantial que me sacia,
un camino de amenidad incesante; 
no soy un privilegiado de la vida, 
también a mí me ha mostrado
su sombría mezquindad 
pero tu presencia me redime y hace de mí
el más opulento de los hombres. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario