jueves, 28 de noviembre de 2013

Cimas del Paraíso. XVI

¡Qué fría displicencia me reserva 
la señora muerte! 
¡Qué merecida cree 
la soledad de mi vida! 
¡Qué lleno de tachas estoy 
para sus asqueados adentros, 
qué necia insignificancia 
tengo el mal gusto de manifestar! 
¡Qué bajo, ruin, estúpido, 
ridículo, inmundo, abominable, 
pequeño y miserable me imagina! 
¿Cuántos sentirán como ella? 
Quizá muchos, quizá 
todos... 
Dime que tú no sientes eso, 
dime que me necesitas, 
no dejes 
que, al asomarme a su umbral, 
me hiera su escarnio. 

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