lunes, 25 de noviembre de 2013

Cimas del Paraíso. VIII

Tan delicada rosa,
tan dulce ángel de bondad,
tan tierna e inocente niña,
tan gozosa intrusa
en el vallado de mi pecho,
¿cómo podré hacerla mía
si rebasa el umbral de mi aliento
y se pierde entre las cimas
de la belleza pura,
vedada al escrutinio de los hombres? 

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