viernes, 29 de noviembre de 2013

Cantos de amistad a Lluvia. IX

La primera vez que vi tu rostro 
parecía que te recordaba; 
tus ojos claros y misteriosos, 
serenos como un lago al atardecer, 
tu cabello sedoso y rubio, 
tu sonrisa, tan inocente y alegre, 
la ojiva de tus cejas, 
la prominencia de tus labios, 
rizados como una rosa roja, 
tu frente despejada y tersa, 
el equilibrio de tu nariz, 
tus pestañas que parecen 
pétalos amarillos, 
el rutilar de tu mirada de niña, 
todo parecía un recuerdo 
guardado desde los albores de mi vida, 
adherido a la raíz de mi esencia 
y, porque te admiré, sentí 
la belleza de mis semejantes, 
su limpia pureza, 
su dignidad inalienable; 
tu apariencia es 
tributo incesante a la especie, 
umbral al júbilo 
de hallarse en la Humanidad. 

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