lunes, 11 de noviembre de 2013

Afán

Quisiera 
que, a tu corazón, se abriera paso 
la hondura de mi desconsuelo 
y la excelsitud de mi dicha, 
el ímpetu liberador de mi pasión 
y la poderosa dulzura de mi afecto; 
quisiera 
que naufragaras en mi misma nave 
y que volaras con mis mismas alas; 
quisiera que recordaras, 
con tu propia memoria, 
la agonía de mi infancia 
y la oculta desesperación de mi juventud, 
que tu pecho sintiera 
la esperanza que yo siento 
y que tus ojos lloraran 
ese vacío que lloro yo. 
Quisiera que, por un momento, 
tú y yo fuéramos la misma cosa, 
y que, en tus entrañas, restallaran 
mi júbilo y mi agonía, 
mi indignación y mi fe, 
mi coraje y mi ternura; 
quisiera enredarme en tus venas 
y desbordarme 
en tu indescifrable hondura. 

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