sábado, 30 de noviembre de 2013

Cantos de amistad a Lluvia. X

Hay puertas que no se abren;
la del hogar desierto,
la de la sórdida prisión,
la del recuerdo amargo,
la del sepulcro...
Hay puertas que no se abren,
umbrales prohibidos,
goznes que nunca girarán
para nosotros;
hay caminos que no hollaremos,
países para siempre ignotos,
libros que no abriremos,
glorias
que no conquistará nuestro orgullo,
corazones que nunca querrán
mirarse en nosotros.

Cimas del Paraíso. XX

No escribiría versos 
si tuviera que hacerlo 
bajo las sensatas directrices 
de las doctas academias 
o si, en los poemas, no viera 
más que palabras que ofrecen 
solo lo que se espera de ellas; 
no escribiría versos 
si entendiera que eran 
ejercicio de ostentación 
y competición juiciosa 
o si hubiera de ensalzar con ellos 
la belleza más hueca, 
caduca seducción del egoísmo; 
no escribiría versos 
si me llenaran de soledad 
porque hubiera de fingir, amada, 
que no me llagas el alma 
y estremeces mis entrañas 
con tempestades de vida 
y volcanes de emoción 
pues mis versos no son 
sombras en un papel 
sino urgencia ineludible 
de la fragilidad de mi pecho. 

Cimas del Paraíso. XIX

Amándote me hago signo 
de tu cuerpo de rosa blanca, 
de tu rostro lleno de luceros, 
de la miel de tu alma apacible 
y, porque te amo, ansío abarcarte, 
recogerte en mi regazo, 
tenerte en mí; 
conocerte es 
sentir en mi ser un hueco, 
que te expresa, te llama y te busca 
como una meta infinita. 

viernes, 29 de noviembre de 2013

Cantos de amistad a Lluvia. IX

La primera vez que vi tu rostro 
parecía que te recordaba; 
tus ojos claros y misteriosos, 
serenos como un lago al atardecer, 
tu cabello sedoso y rubio, 
tu sonrisa, tan inocente y alegre, 
la ojiva de tus cejas, 
la prominencia de tus labios, 
rizados como una rosa roja, 
tu frente despejada y tersa, 
el equilibrio de tu nariz, 
tus pestañas que parecen 
pétalos amarillos, 
el rutilar de tu mirada de niña, 
todo parecía un recuerdo 
guardado desde los albores de mi vida, 
adherido a la raíz de mi esencia 
y, porque te admiré, sentí 
la belleza de mis semejantes, 
su limpia pureza, 
su dignidad inalienable; 
tu apariencia es 
tributo incesante a la especie, 
umbral al júbilo 
de hallarse en la Humanidad. 

Cimas del Paraíso. XVIII

No soy un privilegiado de la vida; 
he vivido muchos años duros, 
sufrido agonías infinitas, 
le he visto muchas veces 
la cara al horror, a la humillación, 
al hastío, a la decepción; 
he resistido de pie 
a los embates del infortunio
y he podido vencerlo 
con el arma de mi rectitud; 
no soy un privilegiado de la vida; 
el mundo me ha sometido 
a la difícil prueba 
de luchar en soledad por salvar al alma, 
sumida en un abismo 
de miserias y vergüenza; 
no soy un privilegiado de la vida 
pero, cuando arribaste a mi costa, llevabas
en tu divino regazo 
el resplandor de un paraíso; 
amarte es mi mayor caudal 
el más exuberante que puedo concebir, 
me lo has otorgado 
con la generosidad de un ángel;
amarte es la miel de mi hondura,
beatitud apaciguada,
manantial que me sacia,
un camino de amenidad incesante; 
no soy un privilegiado de la vida, 
también a mí me ha mostrado
su sombría mezquindad 
pero tu presencia me redime y hace de mí
el más opulento de los hombres. 

jueves, 28 de noviembre de 2013

Cimas del Paraíso. XVII

Siempre vuelves a amanecer
en mi pecho redimido,
siempre renaces
tras la sombría noche,
siempre regresa tu apacible perfume
a mi sediento sendero,
siempre retornas a mi lado
para calmar mi agonía
con tu aliento de miel. 

Cimas del Paraíso. XVI

¡Qué fría displicencia me reserva 
la señora muerte! 
¡Qué merecida cree 
la soledad de mi vida! 
¡Qué lleno de tachas estoy 
para sus asqueados adentros, 
qué necia insignificancia 
tengo el mal gusto de manifestar! 
¡Qué bajo, ruin, estúpido, 
ridículo, inmundo, abominable, 
pequeño y miserable me imagina! 
¿Cuántos sentirán como ella? 
Quizá muchos, quizá 
todos... 
Dime que tú no sientes eso, 
dime que me necesitas, 
no dejes 
que, al asomarme a su umbral, 
me hiera su escarnio. 

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Cimas del Paraíso. XV

Este umbrío día de noviembre 
ha traído tristeza a mi pecho; 
no es porque el sol 
haya estado oculto 
tapado por gigantescas nubes, 
no es porque un ingrato frío 
me haya atormentado 
recordándome 
la fragilidad de mi carne, 
es porque te añoro; 
mi ser 
te ha hecho un sitio en su regazo, 
un gran hueco para que quepa 
toda tu ternura, 
toda tu apacible delicadeza, 
toda tu excelsa hermosura, 
y hoy siento tu mutilación, 
tu desesperante ausencia, 
hoy no me llega tu luz, 
ni tu calor, ni tu dulzura, 
hoy tengo una llaga en el alma, 
hoy bebería 
vinagre y hiel 
por traerte a mi lado. 

Cimas del Paraíso. XIV

Me heriste toda la entraña; 
hecha llaga de ternura 
está mi dolida hondura. 
Eres realidad extraña 
mas un recio amor me araña 
cuando contemplo tus ojos, 
codicia de mis antojos,
y derrotadas mis venas
por tus palabras serenas,
se ofrendan como despojos. 

Como una serpiente

Defiéndase la llama de inocencia,
llave del amor y la vida,
con la suspicacia de la vil serpiente
y su venenosa perfidia
frente al roce de las almas
instaladas en la estupidez. 

martes, 26 de noviembre de 2013

Cimas del Paraíso. XIII

No es por obediencia a un reglamento 
que tus labios sonrían 
como una aurora, 
ni que el rubor de tus mejillas 
haga de ellas llanuras 
sembradas de amapolas, 
ni que tus ojos semejen 
dos lagos dormidos 
donde refleja un lucero, 
joya del atardecer; 
no es por obediencia a un reglamento 
que seas un ángel 
lleno de inocente alegría 
que reparte a manos llenas 
su cándida ternura, 
una delicada flor cuyo perfume 
despierta una apacible suspensión, 
un altivo pájaro de aire 
que nunca abandona 
su pasión por el viento y las nubes; 
no es por obediencia a un reglamento 
que mi corazón se vuelque en ti, 
fascinado por tanta belleza, 
que tus manos me hayan liberado, 
que des vida a mi aliento 
y calor a mi sangre, 
fuerza a mis miembros 
y esperanza a mi pecho, 
que te ame tanto que me parezcas 
honda raíz de mi ser; 
no es por obediencia a un reglamento 
que se abran las flores, 
que canten las golondrinas, 
que estalle el amanecer, 
no hay reglamentos para la vida, 
la vida es realidad, 
no quiero reglamentos para mi tristeza, 
mi furia, mi nostalgia, mi amor o mi alegría, 
no quiero crueles frenos 
para mis ardientes ansias de ser. 

Cimas del Paraíso. XII

El alma fría y trivial 
hace escarnio de nosotros; 
cree que amar es villanía, 
fragilidad digna 
de menosprecio y de chanza; 
pero nosotros sabemos bien 
que, fundidos uno al otro 
en este convulso y valeroso abrazo 
entre las revueltas sábanas, somos 
los turbadores protagonistas 
del más profundo de los dramas. 
No hay lugar en nuestras frentes 
para la gente pequeña; 
que nada mengüe nuestra pasión, 
arrastrémonos uno sobre el otro, 
deslicemos nuestra piel 
sobre lo que más dulce nos sepa, 
entreguémonos a amar 
con ávido desasosiego 
y, riéndonos de los ignorantes, 
hagamos rapiña a nuestros cuerpos 
de mares de libertad y vida. 

Cimas del Paraíso. XI

Vencimos a la culpa, amada, 
la vencimos; 
la primavera ha brotado 
en nuestros corazones, 
el júbilo del amor nos desborda, 
desnudos en el suelo 
nos acariciamos y besamos 
como dos niños inocentes; 
ya no hay límites para nosotros, 
hemos conferido a nuestras vidas 
la vastedad de un mundo. 

lunes, 25 de noviembre de 2013

Cimas del Paraíso. X

¡Qué bonita eres, mi amor! 
¡Qué delicioso es tu rostro, 
que bello todo tu cuerpo, 
qué gracia hay en tus formas, 
qué gozo es contemplarte y escucharte! 
Te amo, adorable niña, 
te quiero ilimitadamente, 
sin dosificar mi afecto, 
ni ponerle condiciones, 
ni esperar a mañana; 
te amo, preciosa niña, 
eres tan hermosa 
que haces más claro el día 
venciendo al mismísimo sol. 
¡Qué bonita eres! 
¡Qué dulzor me dejas 
en el corazón! 
¡Qué esencia tienes de flor, 
de excelso lucero, 
de mariposa de fuego! 
¡Qué grandes y bellos son tus ojos, 
qué admirables tus pestañas, 
qué labios de aurora tiene tu boca! 
¡Qué bonita eres, mi vida! 
¡Qué júbilo para mi alma 
tenerte en mi pecho! 

Desdén

Sabe mucho más mi alma 
de desengaños que de alegrías 
y ha visto demasiadas veces 
el rostro de la indiferencia; 
poco me importa ahora 
el fatuo reconocimiento; 
en mi oficio, doy lecciones 
y, en dignidad, 
también. 

Cantos de amistad a Lluvia. V

Lluvia, no hay lugar de llegada 
para el corazón; 
nuestros sueños son la estela; 
nuestro vacío, 
amarga desolación 
no tiene remedio alguno 
tan solo el alivio 
de seguir caminando. 

Cimas del Paraíso. IX

Antes medirán 
metro a metro 
los confines del universo 
que sondear el gozoso abismo 
que esta llama de ternura que has encendido 
ha cavado en mi corazón. 

Cimas del Paraíso. VIII

Tan delicada rosa,
tan dulce ángel de bondad,
tan tierna e inocente niña,
tan gozosa intrusa
en el vallado de mi pecho,
¿cómo podré hacerla mía
si rebasa el umbral de mi aliento
y se pierde entre las cimas
de la belleza pura,
vedada al escrutinio de los hombres? 

Cantos de amistad a Lluvia. IV

No, Lluvia, 
no está solo quien no es querido 
sino quien no siente en su pecho 
la llama de la devoción 
por sus semejantes; 
quizá nuestro hogar permanezca 
deshabitado y oscuro 
aun en la dulce Navidad 
y apenas nos acompañe el triste murmullo 
del gélido viento 
mas, si nuestro corazón refleja 
la belleza de los otros 
y la tiene en su regazo 
como su tesoro más dulce, 
alumbrará nuestra soledad  
el resplandor de una multitud. 

domingo, 24 de noviembre de 2013

Cimas del Paraíso. VII

Que no entre el mundo 
en nuestro refugio de amor, 
mantengámoslo limpio 
de razones y palabras, 
de argumentos y explicaciones, 
de luminosidad y estrépito; 
que no nos fatigue el deber 
de fingirnos nosotros, 
vestida el alma de calle 
y con la fría máscara 
de la sensata urbanidad. 
Cerremos bien los cerrojos 
a los demás hombres 
y entreguémonos al fuego 
que abrasa nuestros corazones; 
caigan nuestras ropas al suelo, 
despojémonos de apariencias, 
solo nos importa lo más oculto, 
dejemos que nuestra hoguera nos guíe 
en esta hora real. 

Cimas del Paraíso. VI

Calla, amor mío, 
callemos, 
las palabras ahondan 
nuestra desesperante soledad, 
escuchemos solo 
la llaga de nuestro pecho 
mientras nos escalamos 
con nuestras bocas ávidas 
y nuestros cuerpos pugnan 
por mezclarse y confundirse. 

Cantos de amistad a Lluvia. III

Lluvia, hay un universo de tristeza, 
con sus miríadas de estrellas 
y su infinita extensión, 
con sus millones de siglos 
y su silencio terrible, 
en cada gota de felicidad. 

Señores maestros

Señores maestros de mis hijos: 
que no me entere
que enseñan a mis niños
a amar las normas como a sí mismos 
y a esta civilización
sobre todas las cosas, 
enséñenles solo cómo acabar, 
cuando sean mayores, 
con la explotación de los hombres 
y con el detestable prejuicio. 

¿Por qué no?

¿Por qué no, praderas infinitas 
pobladas de hierba y vida 
que huellen fogosos cascos, 
crines al aire, sin el martirio del freno? 
¿Por qué no, cielos despejados y azules 
dando espacio al afán de las alas, 
que batan con avidez al viento 
los bienaventurados pájaros? 
¿Por qué no, montañas altivas 
derramando miel en la afable primavera 
mientras la aurora las cubre 
con su manto de rosas rosas? 
¿Por qué no torrentes orgullosos 
vertiendo con furia su agua clara y limpia 
como el corazón de los ángeles 
en el regazo de un bosque colmado de armonía? 
¿Por qué no, hombres libres y felices, 
entregados al amor y a su destino, 
sin más límite que el de sus deseos, 
caminando despreocupados hacia el horizonte? 

¿Qué bien?

¿Qué bien esperas traerme 
haciéndome menos libre  
si la libertad es 
el único fundamento de mi ser? 

Cimas del Paraíso. V

Derrúmbate, amor mío, 
muéstrame toda tu fragilidad, 
deja que tu alma revele su debilidad, 
abrázame con tu aliento desfallecido, 
busca en mis labios 
toda esa fuerza que echas de menos, 
apóyate contra mi pecho, 
estás exhausta, 
cansada de las palabras y las razones, 
cansada de fingir frío e indiferencia, 
métete bajo mi ropa, 
calienta mi sangre, 
derrúmbate sobre mí 
que yo te ensalzaré como una diosa. 

sábado, 23 de noviembre de 2013

Cimas del Paraíso. IV

Quiero entrar en tu selva, amada, 
atravesar, ávido, tu fronda, 
empaparme de tu verdor, 
abrirme paso a través de ti; 
quiero entrar en tu selva, amada, 
llegarme hasta tu regazo exuberante, 
hacerme columna viva, 
extender ansiosas ramas 
en tu aire y tu luz 
mientras mi raíz penetra tu tierra. 

Contra el mal

La lógica se vuelve prolija 
en la búsqueda del bien, 
es el instrumento equivocado 
que todos quieren emplear; 
encontrar las razones 
para no dañar a un semejante 
es un empeño inútil 
destinado al fracaso; 
con horror nos sentimos 
aptos para la iniquidad 
y buscamos con ansia un freno 
que la aparte de nuestras manos; 
pero la voluntad no es bastante 
para alejarnos del mal, 
solo nuestro corazón nos libra, 
solo hay bondad 
en la soledad de nuestro sendero. 

Cimas del Paraíso. III

Eres la noble princesa 
del imperio del mar; 
estás colmada de la belleza 
que te han donado las aguas; 
eres pura hermosura, 
pura seducción de mi deseo; 
amo tu nácar, tus conchas, 
tus corales, tus perlas, 
amo tus branquias, tus escamas, 
tus anémonas, tus algas, 
amo cuanto conforma 
tu deslumbrante cuerpo de océano; 
te amo sin medida ni freno 
porque el mar te ha hecho para mí. 

Desolación

Amarga desolación 
abate mi aliento, 
irremediable tristeza 
extenúa mi corazón; 
ni los placeres del paraíso 
ni la luz de los ángeles 
aliviarían en mi pecho 
esta aflicción insondable. 

viernes, 22 de noviembre de 2013

Cimas del Paraíso. II

Sábados son los de mi vida 
grises y aburridos,
sin celebraciones,
de horas silenciosas,
de ausencias y soledad; 
un sábado es para estar 
con quien realmente importa,
no se puede disimular
la verdad un sábado; 
por eso, este poeta 
amargado y adusto
se consume en el afán
de tener en sábado
la exclusiva de tus ojos. 

¿Por qué trabas mis alas?

¿Por qué trabas mis alas 
cuando remonto las nubes? 
¿Por qué detienes la brisa 
cuando la ansío en mi pecho? 
¿Por qué alargas la noche 
cuando espero el dulce amanecer? 
¿Crees que puedo renunciar 
al goce de la vida? 
¿Qué mal hago 
saliendo de tu cercado? 

El amor a un amigo

El corazón de los hombres está 
desvalido y angustiado, 
no podemos permitir que un amigo 
dude un instante de que lo amamos, 
no hay que dejar jamás 
de aliviar su desolación. 

Cimas del Paraíso. I

Tu materia hiere mi espíritu 
y lo mueve 
a tu adoración y reverencia, 
eres ídolo para la piedad, 
templo sagrado; 
tu materia es excelsitud, 
en tu misma esencia de mujer 
palpita la dignidad de un dios. 

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Mi aliada

A ti... la primera de mis amigas

Eres mi aliada en el camino, 
tu aliento endulza mi pecho 
desde el primer día que estuvimos juntos; 
tu roce da claridad a mi horizonte, 
mis pasos necesitan tu eco 
pues te he hecho compañera eterna 
y eres la miel de mi existencia. 

martes, 19 de noviembre de 2013

La añoro

A los oídos de Lluvia

Días desiertos va deshojando 
el tiempo precipitado 
sedimentando en mi aliento 
amargo vacío. 
Camino del terrible puerto, 
soledad de olas 
aflige mi corazón. 
Añoro el roce vaporoso 
de mi ángel de luz, 
el terciopelo de su voz 
inundando mis estancias, 
las estrellas de sus ojos 
vueltas hacia mi rostro, 
sus labios de miel y mar 
tocando mis sienes; 
añoro expresar su belleza 
mientras sujeto sus manos, 
abrazarla y besar con ternura 
sus cándidas mejillas. 
Los días pasan sin tregua 
por mi ventana 
y, en la aspereza de mi aislamiento, 
el mundo es tan solo niebla 
y toda el alma, nostalgia. 

El amigo que se aguarda

Ven a mí 
cuando no me debas nada, 
cuando no te lo haya pedido, 
cuando no quieras cosas de mí, 
cuando no esperes mis recompensas; 
ven a mí 
con el corazón desnudo 
y la palabra transparente, 
porque te empuje la vida, 
porque me tengas en el regazo 
de tu aliento hospitalario; 
no me abandones 
cuando todos los demás me olvidan 
en el fárrago miserable 
de las cosas que no importan. 

Sin mandamientos

Siguen los hombres crueles 
mandamientos y reglas 
con el corazón seco 
pero nosotros estamos vivos, 
nos amamos con desnudez 
y nuestros juegos desconcertarían 
a los legisladores más liberales. 

No más que ceniza

A Lluvia

No hay claridad en las cosas, 
lo que agarran nuestras manos 
no es más que ceniza, 
solo alborea la esperanza 
cuando nuestro amor ilumina otro pecho, 
no florece la felicidad 
más que en la entrega del alma. 

Sendero de esperanza. XXIII

Entréguense los hombres 
a lo que crea su frente 
con tanta libertad como esté permitida 
que yo viviré mi vida, 
triste o feliz, 
reverenciando 
la dignidad del corazón 
y el apremio de la libertad. 
Asoma el albor de mi cumbre, 
vislumbro tu amor, 
tierno obsequio de tu pecho, 
mientras mi alma se empieza a abrir 
a la belleza de mi especie. 
Mi juventud ha pasado 
sin otra ganancia 
que el tormento de la soledad; 
no son fáciles los hombres, 
la mezquindad los arrastra 
hasta el fango de la indignidad, 
la obcecación los hace 
sufrimiento para los demás; 
los hombres me fatigan 
con su sordera, 
no veneran los sentimientos,
como merece
su sagrada índole,
prefieren entregar al frío
sus desdichados espíritus. 
¡Qué hermosa es mi especie! 
¡Qué paraíso será este mundo 
cuando la humanidad comprenda 
que no hay más sendero 
que el de nuestro corazón! 
Asoma el albor de mi cumbre, 
vislumbro tu amor, 
tierno obsequio de tu pecho, 
mientras mi alma se empieza a abrir 
a la belleza de mi especie 
pero aún siento con amargura 
mil decepciones, mil heridas, 
mil muertes de la esperanza. 

Sendero de esperanza. XXII

Sabes que un amigo 
es ese ser que nos deslumbra 
con su resplandeciente dignidad, 
que nos llena de orgullo 
haber conquistado, 
que camina con nosotros 
a nuestra misma altura 
contagiándonos 
todo su inmenso valor; 
así siento yo a Susana 
y a Txaro y a Lluvia, 
Bea, Eya o María 
y también a José Antonio 
y alguno más. 
Sin amigos, viviría 
humillado y mohíno 
los días del mundo, 
maldeciría 
cada hora de mi tiempo, 
lloraría la fatalidad 
de llevarme a la sepultura 
el secreto de mis adentros; 
hablaría del tiempo 
con el vendedor de periódicos 
y de fútbol 
con la cajera del supermercado 
pero nadie conocería 
la luz de mis sueños, 
el pulso de mis ansias más hondas. 
He vivido muchos años 
sedimentando la soledad, 
nadie escuchaba mis pensamientos, 
excepto una pila 
de cuadernos emborronados; 
la desgracia de no hallar 
un alma en la que volcarme 
llenó de amargura y vergüenza 
mi espíritu atormentado; 
no quiero amigos colmados 
de sórdidos prejuicios, 
apegados a las cosas, 
esclavos de la lógica, 
no quiero que me encadenen 
como si les debiera la vida, 
esa vida que he llevado 
tantos años sin ayuda, 
tantos años abandonado. 
Susana, Txaro o Lluvia 
son almas tiernas 
que nunca me humillarían 
aunque en ello se jugaran 
un opulento Ferrari 
pero tú eres mi glorificación, 
eres signo de mi idoneidad, 
ennobleces los relieves de mi ser 
haciéndolos tu redención y tu esencia; 
por ti penetro en el mundo 
y el mundo me penetra; 
tú eres mi amistad más profunda, 
el final de mis tribulaciones, 
la plenitud en la cumbre, 
el ocaso eterno, 
mi destino de hombre. 

Felicitación a Esperanza Rey

A Esperanza Rey Roldán

Completa hoy tu tiempo 
dos docenitas de años, 
tu belleza te da 
trono de princesa 
en el reino de la esperanza. 

lunes, 18 de noviembre de 2013

Sendero de esperanza. XXI

Mis almas hermanas 
abren mi horizonte a la esperanza, 
son mi territorio de paz, 
pero la humildad de mi corazón 
solo tú la penetras, 
solo tu roce despierta 
mi escondida verdad. 

Sendero de esperanza. XX

Los otros caminan a mi lado, 
su signo huella mis células, 
los otros alimentan mis venas 
con su savia de vitalidad 
pero tú eres 
la meta inexorable, 
la finalidad del universo, 
el espíritu que da aliento al infinito, 
la cumbre de la eternidad. 

Sendero de esperanza. XIX

Solo se detiene el sol 
en el paraíso de tus labios; 
tu beso es savia de mi pecho, 
fundamento de mi vida; 
los otros son 
caminos de luz 
pero tú eres el dulce tormento, 
la tempestad gozosa, 
la ardiente llama 
que colma mis días y mis noches. 
Solo se detiene el sol 
en la serena costa de tu ternura. 

Sendero de esperanza. XVIII

¿No se hará eterno el ocaso? 
¿No abandonarán la inquietud, 
la aflicción, el abatimiento 
el cercado de mis entrañas? 
¿No habrá una hora 
para todas las horas, 
un final 
para esta interminable precipitación? 
¿Qué repulsivo demonio me arrebata 
la miel de la serenidad? 
¿Cuándo descansará 
mi frente atormentada? 

Tierna

Tienes la ternura 
de los niños buenos; 
tus peores asperezas 
son flores de dulzura 
que me incitan a amarte más. 

Poco valor

¡Qué poco valor tiene 
en esta sociedad de esclavitud y sufrimiento 
estar vivo y ser!
Siempre se espera de nosotros
algo más. 

Sendero de esperanza. XVII

No podría amar a todo el mundo, Lluvia,
como mucho, a veinte personas
pero, de verdad, a menos de diez,
imprescindibles, dos o tres,
que hagan llaga en mi pecho,
solo una.
No hay un corazón capaz
de amar a todo el mundo
pero para ser feliz no basta
el bienestar de quienes amamos,
en el que nos empeñamos con firmeza,
es preciso abrir nuestro pecho
a la belleza de nuestra especie,
la que tienes tú
y el resto de mis amigos,
aquel ser por el que sigo en pie
y yo mismo;
los otros nos habitan,
conforman nuestra esencia,
justifican nuestras vidas;
para ser felices es preciso
venerar al hombre,
idolatrar su dignidad,
sentir en las venas
la armonía con nuestra naturaleza
y hacer de la paz y la justicia
fundamento de nuestras vidas. 

domingo, 17 de noviembre de 2013

Necesaria

Que la vida me quite 
la luz de mis ojos, 
el reposo del sueño, 
el honor o la cordura 
antes que la luz de tu presencia 
y el calor de tu afecto; 
que muera la paz 
de mi aliento solitario, 
que el horror de un frío abismo 
perturbe mis tristes entrañas 
antes que quedarme 
sin la dulzura de tus palabras 
y las estrellas de tu mirada. 

Taras

A Lluvia

Lluvia, no existen 
las personas con taras; 
cada alma se debe 
tan solo a sí misma, 
cada cuerpo es una cumbre 
de la belleza del mundo; 
los tartamudos, los cojos, 
los imbéciles, los diferentes, 
son obra de las normas 
de los censores del hombre; 
para ellos, 
la tarea más urgente 
es arrancar de las almas 
la memoria de lo que son, 
enseñarles diestramente 
a odiar sus sueños, 
sus esperanzas, su libertad; 
los censores del hombre, 
hacen de la humanidad 
muchedumbre de mutilados. 
No existen, Lluvia, 
las personas con defectos, 
son solo un delirio 
de nuestro mundo enfermo. 

Sendero de esperanza. XVI

Ábrase un río de fe 
que me atraviese el alma, 
redímase mi frente 
del tiempo y el mundo, 
aquiétense mis ansias 
entregándose al sueño 
de la esperanza; 
no existe el infortunio, 
la vida no tiene límites, 
en el corazón habita 
la felicidad que me niegan 
mis sombrías jornadas. 

Sendero de esperanza. XV

La soledad me habita 
allá donde voy, 
la aflicción del abandono 
me encuentra en todos los caminos, 
¿pero qué puedo hacer 
si mi dueño es mi corazón 
y sigo su ruta, 
retirada y enigmática? 
Hoy me siento muy lejos 
de mis semejantes, 
su savia no alcanza mis ramas, 
la sed de los otros 
atormenta mi garganta; 
solo el silencio 
acompaña mis pasos, 
erráticos y tristes, 
por las solitarias estancias 
de mi desierto hogar. 
Sin cesar, mis anhelos huyen 
hasta el incierto mañana,
¿pero qué puedo hacer 
si mi fe es el corazón, 
y sigo su dictado, 
exigente y temerario? 

Inmensa aflicción

Esta aflicción tan inmensa, 
esta agonía ineludible, 
este mortal abatimiento 
enmudece mi boca, 
confundida por lo inefable, 
incapaz de remontarse a las causas. 
¡Qué espectro de horror, 
qué desesperante desolación 
llena de sombra mi corazón! 

Sed de realidad

¡Qué abismo de agonía y desconsuelo 
abre en mi frente 
mi insondable sed de realidad! 
¡Qué atribulado existir 
en medio de esta bruma de los sueños! 

La sed del alma

A Aura

Me diste una voz de ánimo 
cuando sentí la sed del alma 
y vertiste esperanza en mi corazón; 
ahora eres tú 
la que está sola, 
has perdido toda tu felicidad; 
tu oscuridad es 
demasiado densa, 
tu horizonte se ha vuelto 
sórdido y siniestro; 
estás atrapada 
en la aflicción y el horror; 
no te llega al corazón 
mi clamor de aliento, 
he aumentado tu dolor 
queriendo ayudarte. 
Si te he perdido para siempre, 
muy en lo hondo 
volverá a morderme la soledad. 

sábado, 16 de noviembre de 2013

Sendero de esperanza. XIV

Lluvia, en el fondo 
soy un muermo; 
siempre estoy sumergido 
en mis tristezas, 
apegado a pensamientos 
profundos e indigestos 
que suenan en las reuniones 
como un tiro en un concierto; 
no encajo en ninguna parte, 
soy un aguafiestas, 
mi ánimo es escaso y, con poco, 
me gana la melancolía; 
yo no he nacido 
para lidiar con las gentes, 
me tomo muy a pecho 
el desinterés de los otros; 
cuando me dan argumentos 
para desobedecer a mi corazón, 
es como si me abrieran la puerta 
para que me marche a otra parte; 
no, Lluvia, no tengo don de gentes, 
soy impulsivo y obcecado, 
saco de quicio a todos, 
yo no soy de esta época, 
no soy de ninguna época, 
simplemente 
no encajo en ninguna parte; 
por eso me siento tan solo, 
por eso mis amigos 
son almas de niño, 
sin prejuicios, sin normas, 
pacientes y tiernas, 
con oídos para escuchar 
mis peculiares rarezas, 
sin grilletes para mis pies 
porque mi anhelo es 
caminar al viento. 
En el fondo, Lluvia, 
soy un muermo, 
por eso no salgo los sábados, 
por eso los sábados 
escribo poemas 
arrimado al ordenador, 
soñando en lugar de vivir, 
con la ilusión 
como mi verdadera compañía. 

Más allá del tiempo

El tiempo da firmeza al afecto 
porque ofrece espacio al hábito 
y al entendimiento 
pero a ti nunca me habitúo 
y cada vez me pareces más ignota, 
a ti puedo amarte más allá del tiempo, 
eternamente, 
desde antes de que llegaras a mí, 
colmada toda medida, 
con la pasión de un huracán, 
a ti puedo amarte 
sin atender a las causas, 
por pura adoración a tu esencia, 
a tu realidad inaprensible, 
a tu inexplorable excelsitud, 
a ti puedo amarte 
rompiendo cada una de las leyes 
de la vida y el universo. 

Sendero de esperanza. XIII

Soy sanguinolenta carne 
arrancada de un vientre de mujer, 
no hay alivio 
para mi insatisfacción; 
soledad y vergüenza 
son mi inacabable tormento. 
¡Qué modesta llama habita 
la hondura de mi esencia! 
¡Qué pudor siento 
ante mi desnuda miseria! 
¡Qué pequeño soy, 
qué frágil, qué escaso! 
Jamás termina la sed 
de mi crudo desierto; 
nada calma mi humillación, 
la pobreza de mi aliento 
me agravia y martiriza. 
Si trajeras calor 
a mi desquiciada entraña 
con la mirada dulce 
de tu pecho de rosas, 
si tus luces disiparan 
la oscura mancha de mis adentros, 
podría perdonarme mi indignidad 
y, como lluvia sobre mi rostro, 
el consuelo me inundaría. 

Mi condición

A Lluvia Rojo

Cuando siento la agonía 
del exilio de mis semejantes, 
cuando me veo hoja caída, 
perro vagabundo, 
hombre sin rostro, 
con sencillez, pongo 
en la mano de los otros 
el puñal de inmolación 
y vuelvo el rostro al vacío 
con amargura en el alma 
pero el corazón impoluto, 
libre y desnudo. 

Una sombra

A Cleopatra Smith

Tu corazón hermoso 
se abre a mis poemas 
y sueña con ellos, 
como yo quisiera que hiciera el mundo; 
me consuelas siempre 
de mi decepción, 
no quieres que la amargura 
me doblegue el aliento; 
mis libros no se venden, 
nadie los quiere 
y mis poemas y mis cuentos 
no levantan la pasión 
con la que yo los escribo; 
siembro de mariposas y montañas, 
de lagos y de estrellas 
cada trozo de mis obras, 
dejo todo lo que soy y siento, 
vacío todo mi talento 
en cada una de mis letras 
y, sin embargo, el mundo 
parece que mira 
hacia otro lado, 
quizá más interesado 
en hablar sobre el tiempo 
o en bostezar con indolencia; 
me siento como la muchacha 
a la que nadie saca a bailar 
y que cree que es la más fea 
y llora por dentro 
las lágrimas que no dejan ver sus ojos 
porque se le estropearía el maquillaje 
y se sentiría aún más avergonzada. 
Muchos hombres fracasan, 
muchos hombres ven sus sueños 
hundidos para siempre, 
el mundo muestra una faz terrible 
a sus criaturas más desdichadas: 
el desengaño de la vida, 
la muerte de la esperanza;
quizá no sea otro mi destino,
es lo que merezco
por ser fiel solo a mí mismo; 
tú me consuelas mas yo 
me siento como una sombra 
ignorada y despreciada, 
que malgasta sus esfuerzos 
en dar lo que nadie quiere. 

Amada

Eres la raíz más honda 
de mis entrañas, 
el eco de mi esencia, 
el alma de mi cotidianidad 
y el enigma que indago sin cesar. 

Décima a Lluvia Rojo

Tienes el pelo platino, 
como rayos de la Luna, 
en la apacible laguna 
de tus ojos, adivino 
tu aliento puro y divino, 
tus labios son una rosa 
roja, entornada y graciosa 
y, cuando al rostro te miro, 
de puro gozo deliro 
pues brillas como una diosa. 

viernes, 15 de noviembre de 2013

Sendero de esperanza. XII

Mi instinto es amar 
más allá de todo instinto; 
he de entregar mi pecho 
al resplandor de los otros, 
olvidado de las causas, 
burlando la fatalidad, 
rebasando mi límite. 
En el regazo del otro, 
habita mi esencia 
convertida en enigma 
y reflejo del cosmos. 
Ansío a los otros, 
me hago signo de ellos, 
me hago llama pura 
empapada de su huella, 
me incendio para escalar a su cima 
con un vehemente anhelo 
de extinguir sus sombras. 

Sendero de esperanza. XI

No se hacen amigos para hacer negocios 
que aumenten nuestro caudal 
ni para acrecentar el saber 
o conseguir ayudantes 
en todas nuestras dificultades, 
se hacen amigos, Lluvia, 
para volver a la infancia, 
para vivir la ilusión 
con alas de mariposa, 
para encender una estrella 
en el refugio de nuestro regazo, 
para poder estar loco 
y tener a quién pedirle 
los sueños que nos faltan; 
se hacen amigos, Lluvia, 
para embriagarse de vida, 
para tener siempre el boleto 
que ha de salir ganador, 
para agachar el cielo 
a ras de nuestro corazón, 
para llenar de abundancia 
los días en este mundo. 

Nuestro valor

El prejuicio dirige 
las vidas de las almas crueles, 
su corazón duerme 
una muerte de marioneta. 
Tú y yo nos amamos 
y gozamos con valor, 
con las venas despiertas 
y las bocas desnudas, 
con el pecho desembarazado 
y la frente llena de claridad. 

Memoria prodigiosa

A Lluvia

Aunque a los amigos 
se les quiere con sencillez, 
no por sus méritos más inteligibles 
sino por la llama oculta 
que les arde dentro, 
que ningún otro ser 
podría poseer, 
te puedo asegurar 
que presumo, con derecho, de ser 
un portento de la memoria. 
Aún recuerdo lo que almorcé 
hace veintiséis años 
el día que me hicieron ver 
unos amigos 
que, si comía en su casa, 
sería porque yo mismo me invitaba 
y no como a otro amigo 
que tenía invitación formal. 
Volví a mi piso de estudiantes 
muy dolido y desconsolado 
y, en la intimidad de mi habitación, 
sobre la mesa en que estudiaba, 
me embuché una lata 
de ensalada de atún y hortalizas, 
triste pero honrado festín 
grabado, como otras infinitas desdichas, 
en mi maravillosa frente. 

Una excepción

Mentiría si dijera 
que no ansío 
la memoria de los siglos 
para este poema; 
mi servidumbre es la eternidad, 
la crueldad de los hombres 
me ha arrebatado 
el alivio de la muerte; 
pero lo escribo 
con el perdón en mi corazón 
y en mis labios; 
para otra ocasión dejo 
alcanzar la gloria 
con la fatiga de mi frente, 
en estos versos, solo asoma 
un frágil e imperfecto ser humano 
muy cansado de su esclavitud. 

Que mi llama no muera

A las almas que amo

No quiero que mi llama muera 
dentro de mí, 
quiero vivir 
en tu sencillo pecho, 
dame las dulces estrellas 
de tu mirada; 
las horas son desesperantes 
sin la caricia de un corazón 
que sepa que existo. 

Sin explicación

A Lluvia

Hay quien no comprende 
que, teniendo yo 
tan abundante compañía, 
necesite luchar 
por la amistad de una extraña, 
como si hubiera que poner 
alambradas a los sueños 
o como si mi afecto pudiera brotar 
de la voluntad más indolente. 
¿Acaso la felicidad no es 
avanzar hacia el horizonte 
por los caminos que más nos seducen 
sin atender a otra razón 
que experimentar el placer de la vida? 
Que busquen razones y explicaciones 
las almas frías, 
apegadas al prejuicio, 
capaces de renunciar a su corazón 
por aparentar empaque. 
Eres hermosa y célebre, 
como tantas otras mujeres, 
pero mi deseo no puede 
intercambiarte por otra; 
eres única en el mundo, 
así como es único 
este poema escrito para ti; 
con fortuna, tus bellos ojos lo leerán 
y, aunque no me conoces, 
tal vez vislumbres en tu espíritu 
la desazón que siento ahora, 
el sombrío horror a la soledad, 
la desesperación por mi insignificancia, 
el desencanto que me produce 
toda la ingrata mezquindad de mis semejantes, 
mi ansia de no morir 
para las otras almas, 
el drama de que sus oídos se cierren 
al clamor de mi entraña; 
tal vez vislumbres en tu espíritu 
lo que estas torpes palabras 
intentan sugerir 
y, dirigiendo a mí tu mirada, 
me des el nombre de hermano, 
tan solo eso 
bastaría para calmar mi agonía. 

jueves, 14 de noviembre de 2013

Ven

Ven, dulce amada, 
trae tu perfume de vida, 
trae la esperanza, 
trae alegría para mi pecho, 
arranca de mis entrañas 
la sombría añoranza de esta noche. 

Insolente María

A María José Valverde

Tu alma escéptica te lleva
a meter el dedo en la herida
con desparpajo insolente.
Una ristra de santos
haciendo milagros solo para ti
no conseguiría destruir
tu arrojada suspicacia.
Sabes bien que el corazón
es la fruta que se estropea
cuando madura. 

Sendero de esperanza. X

Las almas a las que me he entregado, 
luces de mi entraña, 
tienen caminos de inmensidad; 
no son esclavas 
del interés ni el prejuicio, 
de la autoridad ni la norma; 
son puertas 
a la libertad y la vida, 
llamas de claridad e infancia, 
sencillas y humildes 
pero alentadas por la dignidad. 
Esas almas me redimen, 
alumbran mi firmamento, 
como un único sol 
en el mediodía del ser; 
son la patria de mi aliento, 
mi sendero de esperanza, 
caudal opulento 
para mi corazón desnudo. 
Mi dicha es transformarme 
en reflejo de su realidad, 
ser ellas en mí, 
remedarlas 
en mi boca hecha ternura, 
en mi pecho lleno de afán, 
en mis venas ávidas de su forma. 
No brillarían 
las estrellas en la noche, 
ni el alba alumbraría 
las perlas del rocío, 
ni la lluvia cantaría 
sobre el manto de la tierra 
si no sintiera en mi sangre 
la huella de quienes amo. 

Tu libertad

Tu libertad te hace sublime, 
subyuga mis venas 
prendiendo una hoguera en su caudal; 
te amo en el aire, amada, 
mientras volamos tú y yo, 
redimidos de las cadenas del mundo; 
te amo en la luz y la lluvia, 
en la nube y la hierba 
porque no quiero prenderte, 
aherrojarte ni apagarte, 
tan solo adorarte sin límite; 
eres hiedra de viento, 
que me ata con sus alas, 
eres torrente de infinito, 
que enreda mis entrañas 
a la esperanza y el júbilo. 

Sombría duda

La inquietud de una sombría duda 
vuelve a afligir mi aliento. 
¿Se habrá desvanecido el amor 
en tu apacible espíritu 
y solo te atará ya a mí 
un doloroso vínculo de culpa? 
¿Sientes por mí 
no más que compasión 
pero vas a sacrificar tu felicidad 
y a entregarte a una vida de soledad 
solo porque no quieres causarme dolor? 
¿No soy para ti más 
que un lastre doloroso 
que ansías con fuerza 
desprender de tu vida 
aunque no puedes hacerlo 
porque la espuela de la piedad 
te impulsa a seguir sufriendo este martirio? 
Se abre en mi imaginación 
este camino de la fantasía 
y mis adentros se entregan ya 
con precipitación al lamento 
como si la duda ya estuviera resuelta 
y me hubieras confesado llanamente 
que no significo nada para ti. 
Si esta cruel sospecha 
tuviera fundamento, 
déjame ser campeón 
en la generosidad, 
deja que también a mí me mueva 
la compasión, 
deja, mi hermosa niña, 
que sea yo, por una vez, 
el más bondadoso de los dos. 
Pero la bruma ya se despeja 
en mis venas desembarazadas; 
en mi agonía, irrumpe 
la luz del sosiego 
porque mi frente ya sale 
de su obcecación 
y puedo al fin recordar 
que eres mi niña valiente, 
un ángel de vida y coraje, 
en cuyo corazón no cabe tolerancia 
para el espectro de la opresión. 

Sendero de esperanza. IX

¡Qué desnudo está el hombre! 
¡Qué vacías tiene las manos! 
¡Qué corta es su vida, 
qué inestable su fortuna! 
¡Qué vaporosa es su felicidad! 
Se desvanece 
cuando intenta asirla. 
El hombre no es dueño de nada, 
su patria es la esperanza, 
su capital, la ilusión. 
El corazón le impulsa 
tras seductores sueños 
que nunca acaba de alcanzar. 
Nunca termina la lucha 
a que le obliga el deseo, 
trafica con el viento, 
atrapa humo y niebla. 
El hombre que añore ser dueño 
de un sólido patrimonio 
¿qué otra riqueza puede acopiar 
sino el calor del afecto 
en el cofre de su pecho? 
Nada podrá arrebatarle 
su voluntad de amar 
y, con tan gran hacienda 
en el baúl de sus venas, 
mil veces cada día 
vislumbrará el amanecer. 

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Sendero de esperanza. VIII

No hay felicidad alguna 
fuera del amigo; 
la humilde mano que nos tiende, 
la cándida inocencia de su abrazo, 
la ternura de su beso, 
la familiaridad de su voz, 
el calor de su palabra, 
la pasión de su afecto 
son el sumo bien de los hombres, 
la cumbre de la existencia, 
la más halagadora dicha 
que albergan nuestros días. 
No hay amor ni dulzura 
fuera del amigo; 
no hay esperanza ni horizonte, 
no amanece, ni se abren las flores, 
ni cantan los pájaros, 
ni vuelve la primavera 
sin la caricia de la amistad. 
La dueña de mis entrañas 
es una sencilla amiga, 
fiel reflejo de mi corazón, 
una amiga niña que me ha abierto 
el caudal de su pecho 
con la humildad de un hermano; 
nuestra unión nos redime 
porque no somos más que amigos, 
amigos felices y eternos 
bajo el implacable lazo 
de la libertad. 

Sendero de esperanza. VII

El corazón es sencillo, 
no puede amar todas las cosas, 
reserva su afecto verdadero 
para unas pocas 
que cautivan su hondura. 
Nuestros caminos 
se hunden en la soledad, 
es un milagro hallar 
unos ojos que penetren 
en el mar de nuestra entraña, 
un pecho al que no fatiguemos 
y que refleje el nuestro 
sin la decepción de una vacilación. 
Pocas almas embarcamos 
en la singladura de nuestra esencia 
y pocas nos premian 
con el calor 
de un abrazo franco y eterno. 
Un gran amigo es algo extraño, 
un regalo de la vida, 
sorpresa cósmica, 
bien escaso que nos libra 
de la bruma gris de nuestros días. 

La bella presentadora

A Belinda Washington

Tienes en tus ojos 
la alegría de Málaga 
y la delicadeza de Escocia 
porque has salido a tus padres; 
la pantalla del televisor 
es más luminosa 
cuando tú apareces; 
eres un familiar cercano 
de todos los habitantes 
de la España sencilla. 

Un camino leve

A Lluvia

Cuando se quiere de verdad, 
todo está bien, 
no quedan pasos 
hasta la felicidad. 
No necesito tu corazón 
para estar satisfecho, 
ni tus palabras de afecto, 
ni que tu frente me recuerde, 
ni que sepas que existo, 
me basta con que estés en el mundo 
y llenes de alegría la Tierra 
con tu luz de ángel. 
Pero, si a tu hondura llegaran 
mis palabras de amigo, 
reflejo de la serena belleza 
de tu esencia real, 
si sintieras mis poemas 
como un bálsamo para tu alma 
y, volviendo hacia mí tu mirada, 
descubrieras quién soy, 
mi camino se tornaría 
un poco más leve 
porque lo rozaría el brillo 
de tus ojos apacibles. 

Si los deseos no durmieran

Si los deseos no durmieran en el tiempo, 
la fuerza de mis suspiros 
te traería de vuelta a mi ventana. 
Si la premura de mi corazón 
turbara el fundamento de las cosas, 
mi ansia de luz 
me ofrendaría, sin más tardanza, 
la miel gozosa de tu presencia. 

La huella sombría

¿Por qué la culpa me agobia 
si sigo a mi corazón? 
¿Por qué temo un castigo 
si soy un alma para el bien? 
¿Por qué hay una voz que me apremia, 
que me exige, que me agobia 
si yo no tengo dueño 
ni he nacido para la servidumbre? 
¿Por qué mis pasos son inseguros 
y me aflige la soledad? 
¿Por qué no llega la paz a mi pecho 
aunque vivo santamente 
si la libertad es mi fe 
y mi destino es solo ser feliz? 
¿Por qué nos llegará a lo más hondo 
el sombrío estigma de la esclavitud? 
¿Por qué los sollozos 
estremecen mi aliento 
perturbado por la deuda 
de seguir vivo en el mundo? 

Instinto de libertad

Amas la libertad más que la vida 
y tu frente sueña 
un mundo sin alambradas; 
mi pecho no te aherroja, 
mi fe es la tuya; 
amo la libertad 
como el aire que respiro 
y añoro un mundo 
que escuche a su corazón. 

Confianza

A Lluvia

¿Qué puede ya 
separar nuestros destinos 
si he puesto mi empeño, 
mi fe, mi esperanza, 
mis sueños y mi corazón 
en convertirte en amiga mía?