viernes, 4 de octubre de 2013

Tu ombligo

El día que nos veamos, 
concédeme 
este capricho inocente: 
en un lugar algo apartado, 
donde nadie nos esté mirando, 
te subirás la camiseta 
un palmo de tu cintura 
para que pueda verte, 
belleza de bellezas, 
tu singular ombliguito. 
Quiero embobarme mirando 
cosa tan bonita y dulce, 
el hoyito de tu barriga, 
la tumba de mi corazón, 
cráter en tu hermosa carne, 
donde derramarme el alma; 
quiero llenarme de miel 
contemplando la gracia, 
la forma, el color, 
la incitante profundidad 
de ese clavel 
que te florece en el vientre 
y, si tuvieras a bien 
que yo hiciera, además, tal cosa, 
con reverencia solemne, 
acercaría mis labios 
y lo besaría 
porque no querrán mis entrañas 
que tan linda rosa 
no sepa cuánto la amo. 

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