lunes, 14 de octubre de 2013

Niños

Aunque solo hace 
año y medio que nos conocemos 
la verdad es 
que fui contigo a la escuela, 
llevé tus libros para aliviarte el peso, 
te apretaba contra mí para combatir el frío, 
te daba mi bocadillo 
cuando no te gustaba el tuyo, 
jugaba contigo a los cromos 
y al veo-veo 
y al escondite, 
y te daba besos donde nadie nos viera 
en esos labios tan dulces que tienes; 
hacía contigo los deberes 
pero no acabábamos nunca 
porque yo te cogía tus manos blancas, 
manos mansas de niña buena, 
para acariciarlas y besarlas muchas veces 
y porque, cuando nos mirábamos a la cara, 
nos quedábamos embelesados de amor 
y porque otras mil muestras de afecto 
nos brotaban del alma 
antes de que termináramos 
siquiera el primer ejercicio; 
jugábamos en el parque, 
siempre juntos, 
enamorados, 
locos de amor; 
besé tus mejillas 
infinitas veces 
porque eras muy buena 
y me entrabas en el corazón; 
en el colegio, 
el director nos reprendía 
cuando nos veía juntos 
y nos mandaba separarnos: 
-Id a jugar con los de vuestro sexo 
-nos decía- 
no quiero veros otra vez juntos... 
Pero nosotros siempre encontrábamos 
un refugio 
donde volver a besarnos, 
porque nos amábamos, 
nos amábamos dulcemente 
con el corazón humilde, 
entregándonos la vida, 
como hacemos ahora 
porque ya no tenemos diez años 
pero no somos más que dos niños 
y todavía estoy yendo 
contigo a la escuela. 

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