domingo, 20 de octubre de 2013

Muero

Temo que, por esta herida, 
el alma se me derrame 
como un humo del incendio 
que en el corazón me arde 
o vapor de ebullición 
de mi conmovida sangre. 
Esta llaga da a mi aliento 
la vastedad de los mares 
pues no ha de seguir pequeño 
ante dolores tan grandes 
pero mi pecho es estrecho 
y, en sus prisiones, no caben 
sentires tan desmedidos, 
pasiones tan colosales. 
Temo que, por esta herida, 
el alma se me derrame 
y, olvidada su morada, 
se haga río de tu valle. 
Tú me heriste con el roce 
tierno de tu brisa suave, 
los rayitos de tu luz 
fueron dagas de mi carne 
mas mi tormento es dulzura 
y, cuando empieza a matarme, 
es cuando más vida tengo; 
si acaso diera en curarse 
de repente por azar 
moriría en ese instante. 

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