domingo, 6 de octubre de 2013

Mis sábados

¡Qué poco he disfrutado 
la juventud! 
Mis sábados han sido 
la mayoría 
de soledad y sombra; 
ningún amigo quería 
cargar conmigo. 
-¿Para qué llevarnos a Rafa? 
Es tan callado y monótono... 
Seguro que se pone a hablar de OVNI's 
o de Beethoven... 
Siempre con su tema; 
aburre a las ovejas. 
Ahora esos amigos 
son señores de derechas 
o viejecitos cansados 
y asustados de la muerte. 
Pero mi juventud ha pasado 
y nunca he conocido 
la alegría de la compañía, 
la dicha de la amistad. 
Alguna vez salí de marcha 
pero volvía transido. 
¡Era todo tan extraño...! 
Bares llenos de gente, 
conversaciones cifradas, 
complicidades y malicias. 
¡Y qué tristeza cargaba 
el alma de aquellos amigos! 
Eran jóvenes ancianos, 
llenos de preocupaciones, 
malhumorados y fríos. 
Ahora tengo cuarenta y ocho 
pero me siento muy joven. 
Mi vida comienza ahora, 
¿por qué no recuperar 
tanto placer perdido? 
Niña, si tú quisieras, 
saldríamos solos tú y yo, 
sin amigos circunspectos, 
sin gélidas compañías 
que nos corrompan el alma. 
Te llevaré de la mano 
hasta algún parque bonito 
y nos sentaremos juntos 
y yo te diré piropos 
que te suban los colores. 
Te diré que eres más linda 
que un campo lleno de flores 
una mañana de abril 
cuando amanece y las nubes 
parecen rosas rosadas. 
Te diré que te amo tanto 
que no me hace falta el aire 
más que tus ojos de miel. 
Y haré también que te rías mucho 
y te diré picardías 
y te contaré recuerdos 
y te besaré tu cara, 
que es la cosa más hermosa 
que he visto en toda mi vida. 
Y otro día comeremos 
palomitas en el cine 
y otro, visitaremos 
los pinos de algún cabezo 
y el mar y el campo y el río 
y lo que quiera que sea; 
no me importa dónde ir 
si tú vienes conmigo 
porque, teniéndote al lado, 
cualquier sitio es el Edén. 
Pero este sábado triste 
apenas se acuerdan de mí 
los amigos de internet 
y tú no apareces aún 
en el privi de facebook. 
Estás muy lejos, mi niña, 
y no te puedo tocar; 
quisiera estar junto a ti, 
pegadito a tu costado, 
viendo en la tele tontadas 
y besando tu mejilla 
y tu delicada mano; 
quisiera estar a tu lado 
besándote las sienes 
y abrazándote con fuerza, 
no quisiera que estuvieras 
tan lejos como ahora estás. 
Este sábado, al final, 
ha sido como tantos otros; 
sábados para estar solo, 
llenos de tedio y tristeza, 
mientras se pasa la vida 
y, en mi corazón, se alumbran 
sueños de viento y niebla. 

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