domingo, 27 de octubre de 2013

La hora agria

Como venda de paredón, 
cae la noche sobre el mundo 
doblegando la vida, 
prendiéndola 
con su abrazo de escalofrío. 
Espada homicida 
sobre el reloj se desliza 
y, enemiga del alma, 
abate las esperanzas 
a la hora en punto. 
Terminan los goces, 
muere la dulzura 
tras la puerta de agonía, 
bajo el manto de hiel. 
Un aliento de acero llama 
a un reposo de cadáver. 
Se cierra la luz, 
se cierra el camino, 
una fría y áspera mano sofoca 
el último hálito de sentido. 
Vivir es remordimiento, 
soñar es vergüenza. 

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