martes, 29 de octubre de 2013

La amistad soñada


A Lluvia Rojo Camino

No puedo atravesar 
la nube de tus admiradores 
para pedirte 
un minuto de atención, 
ni equilibrar tu fama 
con una celebridad aproximada 
pues mis libros no los compran 
ni por caridad cristiana, 
no me creerías, quizá, 
si te dijera 
que, a pesar de tu belleza 
perfecta de germana joven, 
rubia y con cara de niña, 
no añoro conquistarte 
porque ya estoy provisto de amor 
y, con el que tengo, me basta 
y me bastaría 
aunque viviera mil vidas, 
pero este hombre de cuarenta y ocho años, 
cuando descubrió tu rostro 
tan lozano, tan hermoso, 
tan juvenil y perfecto, 
tan lleno de angelical simpatía, 
se encaprichó de ti 
y quiso ser amigo del alma 
de tan dulce mujer, 
recibir en el corazón la alegría, 
la belleza e inocencia, 
la salud y la juventud 
que destila tu entero ser 
como un bisabuelo orgulloso 
de la fortuna de sus genes. 
Te escribí a tu chat 
pero lo tendrás tan lleno 
que ni siquiera podrás 
leer mi mensaje, 
no me distinguirás 
del fanático de la tele, 
o del ligón que se enrolla, 
o del bobo que busca 
notoriedad y autoestima; 
quedará sepultado 
en un mar de misivas 
atraídas por tu belleza externa 
y tu don de multitudes. 
Pasan las horas y tú 
no respondes en el chat, 
tu anhelada amistad 
se está quedando en un sueño 
fantasioso e imposible 
de poeta sin fama 
al que todos toman 
por el pito del sereno. 
¿Quién era yo para pensar 
que te merecía más 
que tus infinitos seguidores? 

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