lunes, 7 de octubre de 2013

Galardón

¿Te imaginas, querida niña 
que, porque aliento en mis poemas 
a que los hombres hagan 
lo que tú y yo hacemos, 
un soberano aparente 
vestido con sus galas y ornamentos, 
me colocara, solemne, una banda 
que me cruzara todo el pecho 
y me entregara una medalla de oro 
o un diploma a grandes letras 
con la firma de un adusto notario 
y con un sello estampado 
de un seco y fuerte empellón? 
¿Te imaginas, lucerito, 
que, porque hablo de nosotros, 
de lo que tú y yo nos queremos, 
entre fanfarrias y aplausos 
me condecoraran 
como si hubiera vencido 
al gigante Arcalaús 
o fuera el inventor de una máquina 
que fabricara conejos? 
Yo no quiero que me pongan 
en pedestales de mármol 
porque en mi corazón aleen 
delicadas mariposas, 
no tengo tan menguado el juicio 
como todos esos hombres 
que han de fingir su cordura. 

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