viernes, 4 de octubre de 2013

El remanso

¿No hay, niña mía, un instante, 
mientras nos amamos, 
en que la llama de nuestro espíritu 
cesa de estremecerse 
y, en un aquietado remanso, 
contemplamos 
un amanecer de eternidad? 
¿No has sentido a veces, 
cuando tu corazón está rozando el mío, 
cómo tu alma se apacigua 
y un rayo de luz del infinito 
arranca las cadenas de tu pecho 
y el tiempo se convierte en un océano 
sin límites para la alegría? 
¿No percibes cómo este amor, 
que ha arraigado en nuestros adentros, 
lleva en su brisa presagios 
de ardiente felicidad, 
no oyes cantar en tus entrañas, 
cuando rebosan de afecto, 
al pájaro de la inmortalidad? 

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