domingo, 20 de octubre de 2013

Dieciséis años

Cuando tenías dieciséis años, 
¿cómo serías, niña? 
Serías chatita y graciosa, 
estudiosa y soñadora, 
escribirías poemas, 
soñando tal vez conmigo 
como yo soñaba contigo; 
te gustaría pasear 
entre las flores del campo, 
leer libros bonitos 
las tardes de los sábados 
mientras tu hermosa frente 
reflexionaba, sabia y grave, 
sobre el sufrimiento humano. 
¡Qué bonita serías 
a los dieciséis años! 
Las mariposas acudirían a tu rostro 
pensando que era una flor 
y a la primavera de ese año 
no le quedarían fuerzas 
para adornar la Tierra 
porque toda su esencia 
la habría derrochado 
en dar belleza a tu semblante. 
Tendrías una flor seca 
en algún libro de versos 
con el rocío de tus lágrimas, 
vaga decepción de tu pecho 
que pronto olvidaste 
porque has nacido para la alegría. 
A los dieciséis años 
tomarías chocolate 
con golosa glotonería 
y pastelillos de crema 
y tartas, turrón y barquillos 
y helados de vainilla y nata 
y serías tan salada, chiquita, 
que darían ganas de comerte, 
de comerte de una pieza 
sin siquiera masticar. 
¡Qué niña serías 
a los dieciséis años! 
¡Cuánta luz habría en tu alma, 
en tu alma de ángel! 
Tu hermosura imita al sol 
porque es resplandeciente y noble 
y, a los dieciséis años, 
serías tan preciosa 
como el amanecer. 

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