miércoles, 9 de octubre de 2013

Desvelos

¡Qué pesadumbres tan hondas 
me fatigan sin tregua, 
qué afanes e inquietudes 
ensombrecen mi espíritu, 
qué desazón, 
qué turbia insatisfacción 
llena de brumas mi frente 
cada minuto del día! 
Y entre el tumulto estruendoso 
de estas sombras circunspectas, 
apenas escucho a mi pecho 
que solo quiere decirme 
que soy un hombre dichoso, 
habitante del paraíso 
porque he llegado a mi meta, 
que es tener el corazón 
abarrotado de amor. 

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