lunes, 2 de septiembre de 2013

Vastedad

Desborda la magnitud de una montaña 
la mesura con que se gobierna 
el espíritu de un hombre 
y el océano se extiende siempre más allá 
de lo que el aliento acierta a concebir 
y el universo es tan vasto 
que basta con mirar al cielo estrellado 
para que nos estremezca el desgarro 
de la reverencia 
y tú, niña de miel, despiertas 
tanto amor y veneración en mi corazón 
y tu ser se ha adueñado 
de tanto espacio en el alma mía 
que ya no veo tus límites, 
ni te contengo en mi pecho, 
ni te alcanzan mis entrañas, 
y, entregándome a tu luz y tu dulzura, 
me pierdo en tu inmensidad. 

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