martes, 24 de septiembre de 2013

Todo belleza

Mi tierna niña, 
mil virtudes te conforman; 
eres un pocito inagotable 
de inteligible belleza, 
que a todo tu ser se extiende, 
como si fueras un ángel. 
¿Dónde te hallaré una tacha? 
Si, al menos, fueras 
un poco bizca, 
cantaría, con dolor, 
que tu mirada me huía 
o si fueras muy gordita, 
en mis versos, te diría 
que el peso de tu hermosura 
me constreñía el aliento; 
si tu hálito apestara, 
llamaría a tu boquita 
umbral de mi perdición 
pero, si tuvieras mellas, 
la llamaría muralla, 
adornada con almenas 
que anhelaba conquistar. 
Yo no te querría mal 
aunque no fueras tan correcta 
y llenaría tus días 
de tantos y tan buenos versos 
como si lo fueras 
porque los ojos que te aman 
son los del corazón 
pero eres, niña, tan bonita, 
tan dulce y tan bondadosa, 
tan inteligente y sabia, 
es tan lógica tu forma, 
tan esperada y sencilla, 
la inteligencia de un hombre 
la entiende con tal justeza 
y tiene tanta propiedad 
cuanto aparentas y eres 
para el entendimiento humano 
que, cuando escribo poemas, 
poco esfuerzo necesito 
para hacerme comprender 
y las ignotas vías 
que hacen al corazón inefable, 
por esta vez, 
parecen cargadas de razón. 

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