domingo, 22 de septiembre de 2013

Seducción

La eternidad nos seduce 
remontándonos al infinito 
con sus estrelladas alas. 
Nuestras almas se anhelan 
más allá de la piel; 
con el corazón ardiendo, 
nos buscamos el aliento 
y, cuanto más cerca lo tenemos, 
más hondamente 
nos aflige la distancia. 
Dame tu frente, amada, 
dame tus sienes, tus manos, 
dame tus mejillas, tu boca, 
quiero ofrendarte 
con mis labios estremecidos 
la raíz de mi ser; 
dame la hondura de tu pecho 
en la flor de un abrazo, 
dame tu luz, tu dulzura, 
tu vida, tu felicidad. 
Dame tu alma, amada, 
deposita en mis entrañas 
la cálida inmortalidad. 

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