viernes, 9 de agosto de 2013

Tercerillas de la belleza y el amor

La belleza que me hiere  
es dueña de la verdad 
y, en las esquinas, no muere. 

Me hiere tu claridad, 
la sencillez de tu aliento 
la luz de tu suavidad. 

Esta fatiga que siento 
en tu hermosura esencial 
tiene todo el fundamento. 

No se me cura este mal, 
porque la causa no cesa 
pues eres bella y real. 

Pero este dolor no pesa, 
ni tiene amargo sabor, 
aunque el pecho me atraviesa. 

Es la llaga del amor 
que, frente a tanta evidencia, 
me va aumentando el ardor. 

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