lunes, 26 de agosto de 2013

No entienden mi libertad

Administrarme pretenden 
unos señores muy graves, 
serenos y ponderados, 
asesorada su imagen 
por expertos del ardid, 
honrados en lo que cabe, 
poco por lo que se ve; 
sus maneras son muy suaves 
y uno diría que son 
tiburones con sus fauces 
educadas al caviar. 
Estos señores banales 
y su trabajo vulgar 
no han de ser más venerables 
que un honesto agricultor, 
o que un auxiliar contable, 
no tienen más dignidad 
que los hombres de la calle, 
han de vestirse con monos, 
y no al estilo versace, 
han de guardarnos respeto 
sin ostentar ni jactarse 
porque los seres humanos 
no somos sus propiedades. 
No tienen autoridad 
sobre mi alma y mi sangre, 
no guardan mi corazón 
en sus bolsillos del traje, 
no entienden mi libertad 
ni la libertad de nadie, 
son obreros de las leyes 
y no endiosados gigantes. 
A estos señores les digo 
que todos somos iguales, 
artistas y agricultores, 
duquesas y militares, 
políticos y estudiantes, 
banqueros y mendicantes; 
solo manda el corazón 
y solo gobierna el aire. 

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