jueves, 15 de agosto de 2013

La sana humildad

Qué falsa y corrompida es la humildad
de quien se niega a sí mismo
y finge ser el siervo de los otros
rumiando para sus adentros
odio infinito a la humanidad;
es instrumento de desdicha
y destruye el alma que habita;
pero qué imperiosa es, en cambio,
la sana humildad
pues el corazón sí nos exige
el leve y valeroso esfuerzo
de asumir lo frágil de nuestro espíritu
y admitir un error
ante los testigos de nuestra incoherencia. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario