lunes, 5 de agosto de 2013

La panacea

Un ser humano debe 
entregarse a la fe del buen amor, 
que hace la vida leve, 
pues te abate el dolor 
si tu pecho no siente un dulce ardor. 

Nuestra bondad florece 
descubriéndonos bellos en un ser 
que ama bien y enaltece
lo que no puede ver 
el que mira sin alma, sin querer. 

Lo bello es condición 
de las cosas que pueblan este mundo, 
mas solo el corazón, 
penetrante y rotundo, 
lo percibe en el modo más profundo. 

Quien bien ama no quiere 
las virtudes corrientes que hermosean, 
que el intelecto infiere, 
más bien otras que sean 
inmanentes al ser, que pocos vean. 

Amar es permitir 
ser al otro, dotar de realidad 
su destino, erigir 
su genuina bondad 
y, en su pecho, insuflar felicidad. 

No cabe el frío mal 
en un alma que siente que la quieren 
en su esencia real; 
a un corazón que hieren, 
sin embargo, una negra sombra adhieren. 

Todos los hombres tienen 
que entregarse a la fe del bien amar 
pues nuestros males vienen 
del ansia de matar 
lo que somos, sin freno para odiar. 

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