sábado, 3 de agosto de 2013

El destino luminoso

El hombre honrado sabe
aceptar la derrota
con consternada mansedumbre
cuando un elevado sueño
naufraga en las aguas
de la realidad;
no hay esperanza para el deseo
que ha de luchar contra la verdad;
pero la felicidad no es
una quimera imposible,
nuestro corazón la anhela
con la hondura de un instinto,
no es irrealizable
lo que en lo hondo deseamos
y un alma que desprecia
su destino luminoso
durmiendo el sórdido sueño
que acuna la rutina
no conoce la luz del bien
ni vive, en rigor, su vida. 

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