miércoles, 19 de junio de 2013

Mis poemas

Niña, ya sé 
que no crees en mi fracaso 
y te entristece escucharme 
palabras de insatisfacción. 
No quiero traerte penas 
pequeñas e irrelevantes; 
tú eres mi felicidad 
y ninguna cosa más. 
Pero dime, niña mía, 
¿por qué, si canto el amor, 
el bien y la libertad, 
por qué, si pido justicia 
en mis sinceros versos, 
por qué, si me desnudo el alma 
y clamo hacia los corazones, 
solo quietud me rodea, 
huyen de mí las almas, 
cierran sus oídos, 
endurecido su aliento, 
y dejan que mis pasos vayan 
por un camino desierto? 
Niña, perdóname, 
no quiero que mi amargura 
hiele tu tierna alegría 
pero ¿por qué no se acercan, 
ni me alientan, ni me llaman 
"hermano mío del alma", 
por qué no pueden mis versos 
encontrar la puerta franca 
para que habiten su pecho 
y, para mí, solo guardan 
el silencio más hondo? 
Niña mía, no me riñas, 
tú sabes que hay un espanto 
llamado la indiferencia 
que llena las venas del hombre 
de fría y amarga hiel. 
Mi niña, no te enrabietes, 
ni te llenes de congoja, 
porque el pesar me abata 
por no lograr el elogio 
pero ¿por qué estoy tan solo, 
por qué no me escucha nadie, 
por qué me abandonan todos, 
por qué no puedo existir? 

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