sábado, 29 de junio de 2013

La añoranza

Cesaría mi largo suplicio, 
invadiría mi corazón,
al fin, la afable y jubilosa paz,
la añoranza que, en mi alma, late
desde la lejana infancia
se exiliaría para siempre,
si, en lo hondo de mi entraña, se apagara
la sombría estrella de la duda
y mi frente ya comprendiera
que sí merezco ser amado.

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