domingo, 26 de mayo de 2013

Lucha

No encuentra mi pecho la paz 
de la inocencia del alma, 
no me abandona el tormento 
de la culpa y la insatisfacción; 
el mundo es, aún, escenario, 
en mi sombría frente, 
de una lucha cruel y pueril 
contra unos vagos fantasmas 
por rescatar de sus manos 
el bien y la dignidad. 
Mi espejo no oculta las sombras 
que pretendo derrotar; 
en su amargo reflejo, contemplo 
el horror de mi propia iniquidad; 
en mi turbia conciencia, 
la desazón por mis pecados 
no alcanza nunca el alivio 
del perdón de mi corazón.
El alma se obstina, pertinaz,
huyendo, temerosa, del vacío. 

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