viernes, 31 de mayo de 2013

Canto solemne

A Bea Magaña

¡Contempla con júbilo, 
hijo del hombre, 
la caída de la noche 
porque ella llena el cielo de estrellas! 
Colma tu pecho de valor 
porque eres tan bello y poderoso 
como un dios jactancioso. 
Dispón tu voluntad al servicio 
de todas las cosas nobles; 
ellas son el más hondo anhelo 
de tu corazón y tu frente. 
¡Contempla con júbilo, 
hijo del hombre, 
la caída de la noche 
porque ella llena el cielo de estrellas! 
Cada segundo de tu vida 
te lleva al infinito; 
eres eterno en el instante 
y tu felicidad puede no tener límite.
Alégrate pues todo lo real es un milagro 
y no hay sueño en tu corazón 
que tu empeño no pueda conquistar. 
¡Contempla con júbilo, 
hijo del hombre, 
la caída de la noche 
porque ella llena el cielo de estrellas! 
Los días en el mundo 
son tributos al asombro; 
jamás abatas tu ánimo 
con un rictus escéptico; 
vive como si todo lo que pudieras desear 
fueran frutos de un arbusto cuyas ramas 
se doblegan, dóciles, ante ti. 
¡Contempla con júbilo, 
hijo del hombre, 
la caída de la noche 
porque ella llena el cielo de estrellas! 
Y, cuando los últimos rayos del sol 
se oculten en el horizonte, 
elévate hasta donde 
el amor que inflamó tu pecho 
se hizo cómplice de la eternidad 
para que tu insólito espíritu 
halle la dichosa meta para la que surgió. 

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