sábado, 27 de abril de 2013

Resplandor de esperanza

La bruma ha cubierto los días 
en medio de esta cruel primavera 
y el dolor y la ansiedad me atormentan 
en la tempestad más opaca. 
Pero mi frente quiere sonreír 
y abrirse a un dulce resplandor 
pues un ánimo sombrío solo es atajo 
para el término de la vida; 
quiere mi frente atravesar 
esta oscuridad que envenena mis ojos
y hacer que rompa de nuevo el amanecer 
con el corazón henchido de esperanza. 
Sé que tú eres 
la niña que vino a mi puerto 
para traerme la luz que mi alma sedienta 
buscaba entre las más terribles sombras; 
sé que tu aliento es generoso, 
que cuanto me reserva tu pecho 
es el deseo de obsequiarme 
y preñar mi vida de calor; 
mi amada niña, sé que tu afecto 
no puede morir jamás 
porque nacimos para amarnos, 
unidos por un destino inexorable y dichoso; 
sé que nuestras almas son tan puras 
como la hierba del campo, 
y que tú y yo somos dos niños 
que son felices porque se quieren. 
No, amiga mía, no puedes cerrar tu maleta 
porque, ya para siempre, 
será parte de tu equipaje 
este atribulado corazón que te adora. 

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