domingo, 28 de abril de 2013

Eternidad

Mi dulce niña, si la eternidad 
cantara en nuestras almas 
con la armonía de un pájaro 
y nuestro afán ardiente de luz 
se saciara en el resplandor 
de una inconmensurable beatitud, 
mi felicidad no brotaría de las sensaciones 
que, a mi pecho, trajera, tan extremo placer 
sino de saberte a ti gozando 
de la más plena bienaventuranza. 

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