sábado, 27 de abril de 2013

Deja tu enfado

Deja tu enfado, tierno tesoro, 
vuelve a mí tu dulce rostro; 
tus bellos labios de miel 
deben pronunciar ya las sílabas 
de la reconciliación 
para que mi atribulado pecho 
encuentre el anhelado descanso. 
En tus facciones hermosas, 
se transparenta tu excelsa bondad; 
aparta de ellas el rictus 
del dolor y la rabia. 
Olvida tu enojo, mi preciosa niña, 
enséñame tus bellos ojos, 
que me cautivan el ánimo, 
muéstrame tu luminosa sonrisa; 
bien sabes que tú eres mi mayor riqueza, 
lo que más ama mi corazón, 
y detesto haberte ofendido. 

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