martes, 30 de abril de 2013

Lo que amo en ti

No te quiero por ser 
increíblemente guapa, 
ni por tu inmenso saber, 
ni por las altas responsabilidades 
que en tu quehacer habitual arrostras, 
ni porque sepas más de seis idiomas 
y tengas un acento francés, 
como la Brigitte Bardot; 
yo te quiero, patito precioso, 
porque sé que eres 
muy dulce y graciosa 
y el ángel más bueno 
que puede encontrarse  
bajo las estrellas. 
Tu corazón descansa, libre, 
cuando estás conmigo 
pues no has de disimular, ante mí, 
que todavía eres una niña. 

Mi hogar

Soy un hombre sencillo 
pero siempre quise habitar 
un corazón grande y hermoso 
donde me encuentre a mis anchas 
y ningún placer me falte, 
como en el más suntuoso palacio. 
Quiero tu corazón, amiga, 
como el hogar de mis sueños 
y sean mis infinitos versos
y las mariposas de mi pecho 
lo que pague la hipoteca. 

lunes, 29 de abril de 2013

Tu dulce afecto

Tus bellos ojos de azúcar, 
donde te brillan dos lunas, 
 nunca dejan de mirarme 
preocupados por mi bien; 
en la miel de tu mirada, 
encuentro la primavera. 

En tu corazón, me guardas, 
tan sereno y misterioso 
como oscura madrugada; 
y, en las noches que iluminas, 
rutilan menos estrellas 
que gracias veo en tu rostro. 

Con tus palabras de afecto 
casi parece que rozas 
mis dedos enamorados, 
como si fueran tus manos, 
manos hermosas y blancas 
como una luna en el alba. 

Tu pecho, me has entregado, 
hecha pura miel tu boca, 
en sílabas que parecen 
un suave revoloteo 
de mariposas sencillas 
que tocan mi corazón. 

domingo, 28 de abril de 2013

Triste suerte

¡Qué triste es la suerte del hombre 
que no encuentra un corazón 
similar al que habita su propio pecho 
en toda la faz de la Tierra! 
Pero perder, una vez hallada, 
el alma que nos está destinada 
dolería como clavos en la carne. 

Dolor extremo

La sombra aflige mi pecho; 
hondo dolor me gime en la entraña; 
la imagen de la fría muerte asalta mi frente,
como una amarga reminiscencia; 
temo que te hayas ido para siempre; 
este horror inmenso me conmueve 
y empapa sin cesar mi rostro. 

Tráfago

Llevados por sus intereses, 
se entregan los hombres 
a sus menesteres, 
hora tras hora. 
Son los días del mundo 
solo para levantar muros, 
cultivar los campos, 
rellenar pulcros impresos 
o vender todo lo que el dinero compre. 
Pero mi corazón naufraga 
en este tráfago cruel 
pues ni un instante es capaz 
de olvidarse de ti. 
Tú eres el único asunto 
que me ha traído a la vida 
y cualquier otra ocupación 
no es más que un amargo exilio. 

Eternidad

Mi dulce niña, si la eternidad 
cantara en nuestras almas 
con la armonía de un pájaro 
y nuestro afán ardiente de luz 
se saciara en el resplandor 
de una inconmensurable beatitud, 
mi felicidad no brotaría de las sensaciones 
que, a mi pecho, trajera, tan extremo placer 
sino de saberte a ti gozando 
de la más plena bienaventuranza. 

El origen del amor

Solo se abre el corazón 
para el ser sencillo que nos ha mirado 
con serena aceptación 
y no tiene su frente aherrojada 
por el mezquino interés. 
Amamos a esa alma buena, 
que resplandece a la luz 
de la sublime generosidad. 
Es imposible querer 
a un ánimo que solo guarde 
para la sed de nuestro pecho 
el oprobio de las demandas, 
dictadas por el egoísmo; 
se aleja de nuestra ternura 
el obcecado que teme 
sacrificar sus caprichos. 
Mi sangre te ama sin límite 
porque toda entera te diste 
con el corazón leal 
y colmas de bienes mi vida 
sin reclamar un salario. 

sábado, 27 de abril de 2013

Deja tu enfado

Deja tu enfado, tierno tesoro, 
vuelve a mí tu dulce rostro; 
tus bellos labios de miel 
deben pronunciar ya las sílabas 
de la reconciliación 
para que mi atribulado pecho 
encuentre el anhelado descanso. 
En tus facciones hermosas, 
se transparenta tu excelsa bondad; 
aparta de ellas el rictus 
del dolor y la rabia. 
Olvida tu enojo, mi preciosa niña, 
enséñame tus bellos ojos, 
que me cautivan el ánimo, 
muéstrame tu luminosa sonrisa; 
bien sabes que tú eres mi mayor riqueza, 
lo que más ama mi corazón, 
y detesto haberte ofendido. 

Resplandor de esperanza

La bruma ha cubierto los días 
en medio de esta cruel primavera 
y el dolor y la ansiedad me atormentan 
en la tempestad más opaca. 
Pero mi frente quiere sonreír 
y abrirse a un dulce resplandor 
pues un ánimo sombrío solo es atajo 
para el término de la vida; 
quiere mi frente atravesar 
esta oscuridad que envenena mis ojos
y hacer que rompa de nuevo el amanecer 
con el corazón henchido de esperanza. 
Sé que tú eres 
la niña que vino a mi puerto 
para traerme la luz que mi alma sedienta 
buscaba entre las más terribles sombras; 
sé que tu aliento es generoso, 
que cuanto me reserva tu pecho 
es el deseo de obsequiarme 
y preñar mi vida de calor; 
mi amada niña, sé que tu afecto 
no puede morir jamás 
porque nacimos para amarnos, 
unidos por un destino inexorable y dichoso; 
sé que nuestras almas son tan puras 
como la hierba del campo, 
y que tú y yo somos dos niños 
que son felices porque se quieren. 
No, amiga mía, no puedes cerrar tu maleta 
porque, ya para siempre, 
será parte de tu equipaje 
este atribulado corazón que te adora. 

¡Dejadla aunque me deje, jo!

No es facebook precisamente 
un selecto club social, 
que abomine de los chismes 
y de la vulgaridad, 
pero los que leen poesía, 
para decir la verdad, 
al menos yo esperaría 
que tuvieran sobriedad, 
y que, en esta plataforma, 
se supieran moderar 
y no miraran los versos 
para poder criticar 
como se mira en la tele 
a la alta sociedad. 
La poesía no es informe 
que yo me digne a entregar 
de los sucesos que ocurren 
en mi digna intimidad, 
es mera expresión del alma 
humana y universal, 
donde los hombres se deben 
en el corazón hallar. 
Si digo que una mujer 
me quiere a mí abandonar, 
¿qué importa ni qué interesa 
cómo se venga a llamar, 
ni si es castaña o morena, 
o si vive en Canadá? 
Las malas lenguas ya quieren 
a esta chica difamar 
cuando es un ángel del cielo 
que no ha hecho jamás un mal. 
Si me deja, es por mi culpa, 
comprendan ustedes ya, 
porque soy un botarate 
y bestia de muladar 
y no por su alma buena 
que no sabe de maldad. 
Sepan que, si, en un poema, 
me quiero de ella quejar, 
no será por criticarla 
y su fama socavar 
sino para un gran dolor 
del alma manifestar 
y los motivos que tenga 
esta mujer sin piedad 
huelgan muy sobradamente: 
yo no hablo de moral. 
Pero volviendo a mi chica, 
de quien quieren hablar mal, 
¿es obligación de nadie 
una amistad conservar 
con el que lo ha traicionado 
de una forma criminal? 
Soy yo quien más daño ha hecho 
a esta chica tan cabal 
y, si me dejara al fin, 
nada podría alegar. 
Dejo ya estos malos ripios 
y me voy a descansar 
y ojalá que mi niñita 
me quiera ya perdonar. 
Pero a vosotros os digo 
que dejéis de criticar 
y leáis filosofía 
de Kierkegaard o de Kant, 
porque, si no, ya me veo 
el desmadre nacional 
invadiendo tanto espacio 
que no me pueda escapar. 

El castigo al tonto más gris

El dolor de estos días, amiga, 
perturba mis facultades; 
apenas mi frente consigue 
hilvanar con coherencia mis argumentos; 
yo no sé si este poema sin artificio, 
tosco, llano y sin música, 
pasará alguna vez ante tus ojos 
pero lo escribo con la desesperación 
de quien esboza sus últimas razones 
para no sufrir una espantosa condena. 
Yo sé de tu bondad, amada niña, 
sé que no hay un pecho, en este mundo, 
con la sencillez del tuyo, 
sé que quieres solo mi bien 
a pesar de que deseas dejarme, 
sé que tu propósito se basa 
en motivos de mucho peso, 
sé que tu misma humildad 
te hace ignorar 
la extrema importancia que tienes para mí. 
Te he fallado demasiadas veces, 
y te lo digo así de llano, 
en este poema sin adorno, 
desprovisto de artificio; 
no he sabido cuidar lo que más amo, 
que eres tú, niña mía; 
Te he vuelto a fallar en mi inconsciencia, 
causándote el más terrible daño, 
y eso es ya tan doloroso 
que bastaría para que hoy no fuera feliz. 
Te quieres marchar, 
pese a que me aprecias y respetas, 
pese a que tu alma de niña es bondadosa 
y te duele hondamente causarme daño; 
te quieres ir porque crees que es 
lo más coherente, 
la decisión inevitable, irrevocable, 
que requiere este incidente; 
debes protegerte de mí, 
que te he hecho 
las más terribles acusaciones, 
como si tu preciosa persona 
fuera capaz de albergar 
la más mínima sombra de maldad. 
Pero yo no quiero que te vayas. 
No puedo acusarte de ser injusta conmigo; 
si te marcharas, sería una honesta decisión, 
cargada de buen juicio, 
porque te he fallado demasiadas veces 
y eso demuestra que no soy 
lo que merecería tu preciosa persona, 
entregada solo al bien 
y a la justicia en la Tierra; 
sin embargo, sí tengo que decirte 
que mi felicidad eres tú, 
que mi bien depende de ti, 
que, si te marcharas, 
con ese dolor inmenso que, seguramente, sentirás 
por abandonar a quien has querido, 
el dolor me abatiría y ya nunca 
conocería la felicidad en el mundo, 
ya nunca 
mi corazón albergaría esperanza alguna, 
ya nunca amanecería para mí. 
Si te marcharas, 
abandonarías a alguien que te ama de verdad, 
sin reserva alguna, 
con un amor puro y generoso, 
que, si te ha hecho tanto daño, 
si ha dudado de ti, 
si te ha agraviado con su boca inconsciente, 
solo ha sido en un momento de ofuscación, 
en brazos de la necedad más gris, 
porque, querida niña mía, 
solo puede dudar de tu honestidad 
el más tremendo de los tontos. 

Por qué quieres marcharte

¿Por qué quieres marcharte, amiga, 
si eres mi amada niña 
y no ansío más que tu bien? 
¿Por qué quieres marcharte, amiga, 
si este amor puro y eterno 
que jamás se acabará 
está en mis venas tan vivo 
que estoy muriendo por ti? 
¿Por qué quieres marcharte, amiga, 
si, en el universo, no hay nadie 
que por ti sienta un afecto 
con la magnitud del mío 
y, cuando tu pecho me olvide, 
para siempre, habrás perdido 
la felicidad que para ti anhelo? 
¿Por qué quieres marcharte, amiga, 
si mi corazón no tiene 
alambradas para ti 
y sus puertas te abre, francas, 
pues eres tú 
lo que más ama en este mundo? 

viernes, 26 de abril de 2013

Seguiré amándote

Seguiré amándote, niña, 
y guardándote en mi entraña 
aunque, de tu dulce pecho, 
me exilies para siempre. 
Quizá te herí tan hondo 
que tu noble frente 
no pueda hallar el perdón, 
quizá abandones, al fin, 
el desolado puerto 
al que trajiste la esperanza, 
quizá tus mariposas de ilusión 
no vuelvan ya más 
a los rincones de mis días 
pero yo siempre te veneraré 
con una fe inextinguible. 
Seguiré amándote, niña, 
y guardándote en mi entraña 
porque mi corazón te conoce 
y no ha visto nada más bello.

Tu marcha

Te has llevado la luz y la dulzura 
de todos los amaneceres de mi vida; 
te has llevado los rojos pétalos 
de la esperanza que hiciste florecer; 
te has llevado las alas de mariposa 
que hacían alzarse al infinito mi dicha; 
te has llevado el poderoso resplandor 
que despejaba las frías sombras del mundo; 
solo quedan, en mis días, 
sórdidos despojos 
y una angustiosa culpa 
en el corazón que te ama. 

Sobre mí

¿Qué os he de decir sobre mí? 
Acaso que quisiera ver de vuelta 
las cosas que la fatalidad se llevó. 
Bajo el sedimento de las decepciones, 
mudo llanto, supura mi corazón. 
Quisiera no haber olvidado, 
en mi infancia, la alegría; 
ser un niño todavía, 
libre de sombras mi frente. 
Quisiera no haber sido herido 
por la munición del desprecio; 
no llevar en mi equipaje 
el sombrío peso del insidioso odio. 
Quisiera ser bondadoso 
y, en mis semejantes, solo hallar amor; 
quisiera no herir a nadie; 
que ningún amigo se hubiera marchado 
dejándome para siempre 
desgarrado por dentro. 
¿Qué os he de decir sobre mí? 
Acaso que me atormenta la sed de bien 
porque, en mi entraña, habita 
una iniquidad inextinguible. 

jueves, 25 de abril de 2013

No quiero tu amor

No quiero tu amor, no quiero, 
para calmarme la sed, 
ni que me des tu calor, 
ni que me entregues tu fe; 
abatida mi esperanza, 
mi pecho quiero volver 
hacia el más frío destino, 
nada me ha de conmover 
pues yo no tengo la suerte 
de, la dicha, merecer. 
No quiero tu amor, no quiero; 
reposa el alma, mujer, 
dejo que, de mí, descanses, 
ya no te suplicaré, 
como molesto mendigo, 
ya ningún daño te haré 
con mi insistencia obsesiva, 
pues solo en sueños, yo sé, 
puedo alcanzar la alegría 
de, la dicha, merecer. 
No quiero tu amor, no quiero; 
para siempre viviré 
resignado a no ser nada 
en tu corazón de miel, 
solo un poeta entre tantos 
que te ha sabido querer 
aunque, hasta el día que muera, 
en lo hondo, lloraré 
no tener la gran fortuna 
de, la dicha, merecer. 

Cadenas del alma

Llora mi corazón, linda niña, 
porque te han golpeado las cadenas 
que me aherrojaban el alma; 
no quiero que te hagan daño 
los horrores de mi entraña;
no quiero que, en mis abismos, 
se pierdan tus mariposas blancas; 
no quiero que, a tu inocencia, 
mi légamo le deje manchas; 
barre, mi chiquita buena, 
con tu luz, mi frío ciego, 
limpia mi frente de sombra; 
no quiero que te hagan daño 
las tarántulas de mi aliento.

miércoles, 24 de abril de 2013

Eres mi meta

No hemos convivido nunca 
bajo el mismo techo, 
ni la misma luz nos ha alumbrado 
mientras recorremos las calles, 
no te he rozado los dedos 
mirándote a los ojos, 
ni he tocado tus mejillas 
tiernamente con mis labios, 
mi cuerpo no ha arribado aún al tuyo 
en un abrazo entregado, 
no he olido tu perfume 
entre las flores de un parque, 
ni he podido acariciar 
tu pelo nocturno 
con mis manos conmovidas; 
no, querida amiga, 
solo somos dos extraños 
que la suerte quiere alejar 
pero sé muy bien que debo amarte 
y que tú eres mi meta 
pues, de cuanto existe en el mundo, 
no hay nada que tenga tan dentro 
como tu corazón de niña. 

Si quieres abandonarme

Si quieres abandonarme, amiga, 
no leas mis versos ni permitas 
que te diga siquiera una palabra 
porque mi lengua está pegada al corazón 
y, si alcanzas a saber 
hasta qué punto estás dentro de mí, 
también tú tendrás que amarme.

martes, 23 de abril de 2013

Lo que yo quiero

Yo no quiero, amada amiga, 
besos que a sonata sepan, 
ni llevarte de la mano 
caminando junto al Sena; 
no quiero ganar la fama 
con un melifluo poema, 
ni convertirte en mi esposa, 
madre de mi descendencia; 
no quiero marcar un tronco 
grabando Luis e Isabela 
rodeado de un corazón 
 en la pulida corteza, 
ni, acariciando tus hombros 
contemplar la luna llena; 
no quiero bailar contigo 
sujetando tus caderas, 
ni a los cineclubs llevarte  
a ver películas viejas; 
no quiero, mi dulce amiga, 
que me compres las chaquetas, 
ni que en Navidad me toques 
zambombas y matasuegras; 
no quiero que me cocines 
mil deliciosas recetas, 
ni que me cuentes historias 
que me gusten y diviertan; 
no quiero dormir contigo, 
en el estío, la siesta, 
ni presentarte a mi madre 
para que habléis de mis neuras; 
no quiero largos cruceros, 
ni floridas primaveras; 
no quiero oír serenatas 
ni montar cenas con velas.
Yo no quiero nada de eso, 
mi niña preciosa y buena, 
yo solo ansío de ti, 
que, de corazón, me quieras. 

Distancias

Kilómetros sin cuento, amiga, 
cubiertos por las aguas de un océano 
separan nuestras manos 
y nuestras miradas 
pero no son tan amargos para mí 
como los milímetros que disto ahora 
del centro de tu corazón. 

Transformación

Por tu influjo, amada amiga, 
romperá mi inteligencia 
la dura cáscara de su obstinación, 
por tu influjo, en mi espíritu bárbaro, 
se encenderá la luz de la tolerancia, 
por tu influjo, mi frente confiará 
y mi aliento reposará, 
olvidada toda su trivial ansia 
de matar el azar, 
por tu influjo, esa cruel pertinacia 
que en mi alma brotaba 
ya no volverá a hundir el puñal 
de la palabra sombría 
en el pecho de mis semejantes. 
Quiero darte un corazón 
libre de toda iniquidad. 

Alma apacible

Buena y dulce amiga mía, 
tienes el alma apacible 
como una niña pequeña 
y, en tu corazón humilde, 
habita una luz tan blanca 
que, en este mundo, no existe 
más bien, para mí, que amarte 
y en mi espíritu sentirte. 

Tu hermosa apariencia

¡Amiga, cuánta dulzura 
hay en tu hermosa apariencia! 
Yo no sé qué daría 
por dejar en tu rostro 
el beso que te exprese, 
por rozar con mis labios 
tus cándidas mejillas 
con el corazón rebosante 
de tiernísimo afecto 
pues eres el ángel más noble, 
emisario del bien y la belleza. 
¡Amiga, cuánta dulzura 
hay en tu hermosa apariencia! 
La luz de tus facciones brilla 
en mi encendido pecho, 
espejo que te abarca y contiene, 
que te exalta y te celebra 
desbordando de cariño 
y, por tocar tu alma 
con sutileza y agrado 
rozar querría tus manos, 
que son mariposas blancas. 
¡Amiga, cuánta dulzura 
hay en tu hermosa apariencia! 
Eres mi niña bella, 
mi chiquita bondadosa, 
mi hermanita pequeña; 
quiero abrazarte muy fuerte, 
besar tu graciosa frente, 
decirte cuánto te quiero 
con la sencillez de un niño, 
quiero esparcir en tu alma 
infinitos pétalos de amor. 
¡Amiga, cuánta dulzura 
hay en tu hermosa apariencia! 

lunes, 22 de abril de 2013

La radio

El horror del cosmos atormentaba mi espíritu 
porque, a mi silencio, respondía el silencio; 
mis dedos solitarios buscaron una voz, 
refugio para mi corazón desolado, 
y, desde un mundo de metal y plástico, 
llegó el milagro y mi alma encontró descanso. 

Vuelve, niña de mis sueños

En tu regazo se hallan 
cuantas flores, la vida, perfuman 
y, sin embargo, te has ido, 
dulce amiga mía, 
con rotundidad de espada, 
sin que me dejes decirte 
cien mil palabras de amor. 
El dolor que estoy sintiendo 
en estas horas sombrías, 
en los muros, busca, de mi entraña 
una brecha para manar 
hasta mi lengua amargada. 
Tengo el alma entrelazada 
boca a boca con la muerte, 
dolorosa sombra de estos días, 
pues tu ausencia deja el mundo 
como el más desolado erial. 
Vuelve, niña de mis sueños, 
vuelve y sácame de este tormento 
que el mar se me ha metido en el pecho 
y mi corazón, vacío, 
boga sin esperanza ni norte 
en la desdicha infinita. 
La desazón de estas horas, 
que alumbra la luz fría 
del más opaco sufrimiento 
mordiendo está mis ventanas 
como si fuera viento 
y atraviesan todo mi ser 
helores de perverso invierno. 
Vuelve, niña de mis sueños, 
vuelve y sácame de este tormento; 
si no me rozas más con tu aliento 
de sencillas mariposas, 
seré, ya para siempre, 
extranjero en el mundo. 

Pequeñez

¡Qué pequeños nos hacen 
los pequeños intereses! 
¡Qué estúpida mezquindad alberga 
una frente obcecada! 
Te perdí; 
perdí lo más hermoso, 
el destino que alumbraba mi sendero 
con la luz más clara; 
perdí la felicidad que me estaba reservada 
porque mi corazón no supo creer 
que tras ella solo había grandeza. 

Regresa

En mis semejantes está 
la esencia de lo que yo soy; 
para ellos, nace, en mi pecho, 
la áurea generosidad, 
para ellos, han de ser, mis manos 
manantial de dones 
pues vivir para sí mismo, 
amarga rutina, es, 
roer de las entrañas, 
como gusanera de sepulcro. 
A mis hermanos, debo 
la raíz de todos mis esfuerzos 
porque, solo en ellos, se cumple 
mi destino de felicidad. 
Pero no puedo llegar a su orilla, 
no tengo fuerzas para bogar 
si tú no me das tu aliento. 
Regresa a mi corazón, amiga, 
llena de flores mis días, 
trae la miel de tu boca a mi sangre, 
saca de esta entraña mía 
esta fría amargura 
que me ha traído tu ausencia. 

Necesito

Solo necesito 
el brillo de tu mirada 
para iluminar mi pecho 
con el resplandor de un sol, 
pero, si, para siempre, me lo niegas, 
el frío hielo de la amargura 
bordeará mi sendero. 

Solo necesito 
un roce de tus blancas manos 
para que la felicidad estalle 
como una flor que florece 
pero, si ya es muy tarde para eso, 
moriré por dentro 
como una vela que se extingue. 

Solo necesito 
la sonrisa de tus labios 
para ver la entrada al paraíso, 
reino de eterna armonía, 
pero, si eso es demasiado para ti, 
no habrá una luz de esperanza 
dondequiera que mis ojos miren. 

Solo necesito 
que musites un saludo 
para que la ilusión amanezca 
trayendo la alegría de confín a confín 
pero, si ya no lo merezco, 
todo el sombrío dolor de la vida 
tendrá aposento en mi triste corazón. 

viernes, 19 de abril de 2013

Mi amiga

No eres mi esposa, 
ni mi novia, ni hemos firmado 
un contrato inviolable de amor, 
no hay cadenas de frío metal 
que amarren tu pecho al mío, 
no somos pareja de hecho, 
ni matrimonio, 
no nos unce un yugo 
que haga esclavo al uno del otro, 
ni he puesto precio a mi afecto 
con avaricia trivial: 
eres mi amiga, 
mi amada amiga, 
eres alma de mi libertad, 
espejo de mi destino, 
resplandor de mi dicha, 
y puedo amarte 
con el pecho rebosante 
aun cuando el vuelo remontes 
para no volver jamás. 

Empeño diario

Un aguacero de versos, 
un torrente de adulaciones, 
un mar de palabras de amor 
te dedico cada día; 
mi boca nunca descansa 
entregada al perenne empeño 
de que no creas ni un solo instante 
que mi corazón te ve con frialdad. 

La luz del destino

El corazón no puede dudar 
cuando descubre su destino 
y no ha de concederse el descanso 
hasta verlo consumado 
pues el alma que pierde su meta 
jamás alcanza la felicidad. 

jueves, 18 de abril de 2013

Llaga

Las palabras son bellas, 
demasiado bellas para expresar 
esta tan dolorosa llaga. 
El día continúa dándome su luz 
bajo un cielo de primavera, 
fiel a su marcha inexorable, 
pero, en mi alma sombría, 
ya se han puesto todos los soles 
y mi esperanza va muriendo 
como si un invierno la helara. 

El camino del bien

El hombre es polvo y lodo, 
turbia materia que hace indóciles 
su cuerpo y su espíritu; 
mas su destino es la felicidad, 
seductora meta que va dictando 
una luz sagrada en su entraña. 
El camino del bien es transparente al alma 
mas su tránsito es trabajoso y difícil. 
No existe empresa tan esforzada 
como ser lo que en realidad somos 
ni vida más desdichada 
que la del hombre negligente. 

El bien

Hoy mi corazón se abre 
a la dignidad de los hombres 
y, en lo más hondo de mi ser, 
del malvado, me apiado, 
hermano que no conoce 
la feliz senda de la rectitud. 
La ira estrangulo en mi pecho 
en este día de bien; 
mi frente serena y lúcida 
exalta y perdona a mi especie 
para ser capaz de perdonar 
la torpe maldad de mi propia alma.

Hasta el final del mundo

Toda la beatitud, Isi, 
brilla en tu rostro venerable 
como un sol de mediodía. 
Solo dejaré de amarte 
cuando el poso del océano 
deje al descubierto su secreto 
en las postrimerías del mundo 
y mi alma errante y enamorada 
se disuelva en el calor letal 
que reseque la Tierra. 

miércoles, 17 de abril de 2013

Ángel


Frío vacío que habitas las horas solitarias 
y haces tediosos los objetos del mundo, 
serías expulsado por el aliento de mi ángel 
si regresara para traer la luz a mi frente. 
Mi alma baldía, sumida en la trivialidad, 
ansía saciar su sed en sus labios divinos, 
cuyas palabras son mi camino de salvación. 
Todo el bien que llega a mi pecho 
brota de esa boca nacida para la bondad. 

Luminosa presencia

La vida de un hombre es difícil; 
con frecuencia tropieza 
con la adversidad; 
muchas son las almas en agonía, 
muchos, los que maldicen el día 
que sus ojos se abrieron al mundo. 
El dolor es la moneda del tiempo 
y la muerte, el callado destino 
que aguarda emboscado. 
No hay descanso para una frente 
que no puede detener el cauce 
de sus numerosas desdichas 
y contempla, con desolación, 
la naturaleza áspera de la realidad. 
La suerte de un hombre es esquiva; 
cuando se desata la desgracia 
ya no es posible volver atrás; 
la suerte de un hombre es esquiva; 
no hay paz en la tribulación de la vida; 
solo hay desvelos para el alma sin fortuna. 
Yo he contemplado con mis ojos 
la clara luz de la felicidad 
pese a la oscuridad del mundo, 
pese al dolor de la vida, 
pese al tributo del tiempo, 
pese a la presencia mezquina 
de la muerte amarga. 
He sentido la dulzura de existir 
con la esperanza renovándose 
de instante en instante; 
he sabido de los gozos 
del más dulce de los sueños 
sin siquiera cerrar los ojos 
tan solo porque escuchabas mis versos 
y dejabas que te amara, 
tan solo porque, con tus alas de ángel, 
rozabas mi sediento corazón. 
La vida de un hombre es difícil 
y el dolor trae oscuridad a sus ojos 
pero, en tu amable regazo, 
vivir es como un sueño 
y mi corazón no cesa de sorprenderse. 

Tu luz

Eres manantial de luz, 
un mediodía para mi frente, 
un amanecer para mis venas; 
tu resplandor sacia mi pecho; 
podría amarte eternamente. 

martes, 16 de abril de 2013

Tribulación

La tribulación atormenta mi pecho 
como una fragorosa tempestad; 
con inquietud, interrogo a las sombras 
de esta oscuridad fría 
sobre el siguiente instante 
por si es portador 
de una nueva esperanza 
o del más horrible dolor. 

No así

No quiero ser poeta, no podría, 
si he de traicionar por un verso 
tu bondadoso corazón 
o si he de acopiar palabras de miel 
que hielen tu alma 
con avaricia de sepulturero. 

Duro exilio

¡Qué duro exilio sería 
salir, un día cualquiera, 
de un paraíso de felicidad 
donde el goce del bien es perpetuo, 
donde la esperanza nunca se extingue, 
donde todos mis pasos albergan sentido! 
¡Qué duro exilio sería 
salir, un día cualquiera, 
de un corazón tan noble como el tuyo! 

El brillo de la esperanza

La esperanza ilumina, 
como franja de luz, 
la oscuridad angustiosa de estas horas 
y, en la penumbra inquieta, 
aún brotan fantasías 
de felicidad infinita. 
Cabe el resplandor de un sol 
en la vela más moribunda. 

Impotencia

¿Por qué mi boca se levanta 
contra la maldad del mundo 
si, en mi corazón, anidan 
las sombrías miserias 
que, con indignación, censuro? 
¿Por qué mi pecho se entrega 
a la baja iniquidad 
si mi alma busca incansable 
la liberación del bien? 
¿Qué son esas opacas murallas 
que separan al hombre 
de un destino de felicidad? 

Mi arrepentimiento

Si mis poemas te compensaran las heridas 
y el amor diera hermosura a la palabra 
cada día tendrías ante tus bellos ojos 
los más hermosos versos jamás escritos. 

La realidad

No, la realidad no es como los poemas 
no moriré si no te tengo: 
podría sobrevivir; 
incluso podría encontrar un nuevo idilio 
digno de poemas sin fin. 
Pero yo sé que eres, niña, 
digna de mi amor más alto, 
digna de mi más grande devoción, 
digna de la felicidad más dulce, 
digna de la vida más luminosa. 
Eres, niña, bondad florecida, 
hermosa emanación de la beatitud. 

Dolor profundo

La alegría habita mi entorno, 
hoy es un día como cualquier otro, 
día para gozar de la rutina; 
pero mi alma, desde lo más hondo, 
gime, silenciosa, con el dolor más terrible. 
Mis vecinos desconocen 
mi agonía y mi angustia; 
ellos solo me hacen partícipe de sus jolgorios 
porque mi herida es callada 
y no se da a la luz. 
Yo sé que los otros corazones 
están felices, 
el mío, en cambio, está derramando lágrimas 
porque la fatalidad lo convierte 
en la fuerza que malogra su propia felicidad. 

lunes, 15 de abril de 2013

Ira

No espero piedad de nadie 
en esta soledad del alma; 
no imploraré una mano 
que del lodazal me saque; 
mi conciencia está limpia, 
no me avergüenza estar solo 
porque mi pecho es honesto; 
no voy a suplicar amor 
aunque mi último aliento 
sea tan frío como el peor invierno. 

domingo, 14 de abril de 2013

Domingo

Esta tarde de domingo 
combina esplendores de grandeza 
con sombras de mediocridad;
mi espíritu ansía elevarse
como un pájaro de luz
pero la fatalidad lo precipita
contra sesenta charcos de lodo. 

Mis palabras

No uso las palabras 
como tierra de sepulcro 
para las conciencias medrosas, 
quiero que la herida mane 
y que los pechos estallen, 
que el corazón recuerde 
y la mirada se indigne. 

sábado, 13 de abril de 2013

No quiero halagos

Los poemas que te escribo 
son la humilde voz de mi pecho; 
no buscan halagos forzados 
de sapiente urbanidad 
que satisfagan el vano orgullo 
sino hablar al hermano 
a la luz hiriente 
de la verdad desnuda. 

Acogiéndote

Quiero ser tu noche 
cuando te vuelvas luna, 
tu orilla 
cuando te conviertas en el mar, 
tu aire 
cuando una montaña seas; 
quiero ser, amada Isi, 
reverberación de tu aliento, 
pradera infinita que te abarque, 
conmovido refugio de tu totalidad. 


viernes, 12 de abril de 2013

El molde de tu ser

Mi corazón, Isabela, 
es el molde de tu ser; 
tú toda entera me puedes 
en las entrañas caber. 
He nacido para amarte 
y siempre tuyo seré. 

De esa forma

Así como te diste a mí cuando llegaste, 
toda entera, sin reservas ni condiciones, 
de esa misma forma te acoge mi corazón. 

jueves, 11 de abril de 2013

Cosas

Los hombres que desean cosas 
y a los humanos las prefieren 
no son hombres si bien se juzga, 
son cosas que parecen hombres. 

Siempre

Abandonen la esperanza 
y renuncien al amor 
las almas torpes, 
ansiosas de ganancias, 
que corromperá el tiempo, 
pero mi luz nunca se apagará 
y tú siempre, mi buena niña, 
permanecerás conmigo, 
pues soy mal hospedaje 
para el egoísmo frío. 

Tus ojos negros

Tus ojos son negros 
con un borde color de miel, 
como un pozo de paredes de oro, 
como un eclipse de sol, 
como una noche que toca el alba. 
Tus ojos, Isabela, 
son espejo de tu alma tierna; 
quiero mirarlos mientras te digo 
que tu bien es mi desvelo. 

miércoles, 10 de abril de 2013

Amigos

Isabela, yo no quiero 
derechos sobre tu alma. 
¿De qué me sirve a mí 
domar tu aliento? 
No, niña, yo solo quiero 
ser tu mejor amigo, 
el corazón a ras del tuyo 
que acompañe tus pasos. 

Desnudez

No tengo que amarrar nada 
a mis desiertas manos 
para ser de este mundo 
porque todo es un sueño 
que la muerte se lleva; 
me basta con haber rozado, 
aunque solo sea un instante 
perdido en el mar del tiempo, 
el corazón donde me supe hallar. 

martes, 9 de abril de 2013

Prisiones

Hay prisiones frías para algunos hombres 
pero las del alma, para todos, son. 
No quiero cadenas que amarren mi pecho, 
quiero el infinito como mi horizonte, 
y, en las nobles cimas de mis esperanzas, 
que tan solo vuelen 
las altivas aves de la libertad. 

Origen de mi alegría

¿Qué cosa alegra mis venas? 
¿Qué ilumina mi espíritu 
con el más dulce resplandor? 
¿Qué llena el sendero de flores 
y hace de cada hora 
un refugio de la esperanza? 
¿Qué me redime del mundo, 
de su sombrío vacío, 
de su monótono tiempo? 
¿Qué ha soltado las cadenas 
que me asfixiaban el pecho 
y me convierte en el dueño 
de la vida y la libertad? 
Haber entrado en el corazón 
del ángel más bondadoso 
y que su delicado aliento 
me roce el alma 
con la sencillez de un niño. 

lunes, 8 de abril de 2013

Decisión en una hora de locura

Mis fuerzas, tal vez, son limitadas; 
te puedo dar 
el amor sin medida 
que mana de mi corazón ardiente 
y rendirte adoración 
sobre cuanto es en el mundo 
pero mi devoción se alimenta 
de mi confianza en tu afecto, 
fuente de fascinación 
para mis sedientas venas. 
Y, sin embargo, Isabela, 
siento, en esta hora de locura, 
que mi amor es tan fuerte, 
tan hondo e inmortal, 
que te podría querer 
hechas fuego mis entrañas, 
así como ocurre ahora, 
aun cuando para ti fuera 
uno más de tus amigos 
y no el menos prescindible. 
Mereces mi amor, amada, 
te lo doy sin condiciones, 
sin reclamarte la deuda, 
aunque mi muerte no llores, 
aunque te des a otro pecho, 
aunque no pienses en mí 
mas que con cruel desapego, 
aunque con ciego desdén 
escuches todos mis versos, 
aunque la ira más dura 
devuelva mi amable afecto, 
mereces mi amor, amada, 
porque, en esta hora hermosa,
contemplo cuanta bondad
habita tu alma,
caen de mis ojos
los velos de la mezquindad
y puedo ver que eres 
el ángel que ha de salvarme. 

Como yo

¡Ay, Don Quijote manchego! 
Pese a tus años maduros, 
hombre de muy poco juicio, 
lleno de ampuloso orgullo, 
pero humilde y generoso, 
el más soberano iluso 
que cabalgó sus deseos, 
tan ególatra y obtuso 
que hizo de la realidad 
elaborado producto 
de su mente enfebrecida; 
no pudo alcanzar ninguno 
de sus anhelos dorados 
y, en el fracaso más puro, 
vivió su vida y murió. 
¡Ay, Don Quijote iracundo! 
Violento loco de atar 
que en su vagar por el mundo 
el desengaño encontró 
en el espejo más crudo. 
¡Ay, Don Quijote, demente! 
Vas, como yo, tras el humo. 

La razón del mezquino

Pudiera ser, Isabela, 
que lo razonable, en un hombre, 
no sea escribir poemas 
sino entregarse, paciente, 
al permanente cuidado, 
avezado y diestro, 
de sus propios asuntos; 
disputar, sin acritud, 
sobre temas de actualidad 
o sobre su honrado negocio; 
bostezar, con tedio, 
cada vez que escucha palabras 
de ternura y emoción; 
conseguir una esposa 
sin muchas aspiraciones 
y fácil de conformar; 
convertirse en persona 
con capacidad adquisitiva 
y amable urbanidad; 
no velar por otro interés 
que el de su propio provecho. 
Pudiera ser, Isabela, 
que no debamos 
esperar gran cosa de nuestras vidas 
y que, con ánimo mezquino, 
nos convenga, más bien, buscar 
las más grises satisfacciones, 
renunciando a la alegría 
y a la dulce felicidad. 
Pudiera ser, Isabela; 
defensores tiene esa tesis, 
honrados padres y esposos, 
adalides del poder 
o hasta aspirantes a artista; 
pero yo quiero del mundo 
todo su jugo 
y, por eso, mi única hacienda 
son mis semejantes. 

domingo, 7 de abril de 2013

No cambia el mundo el dolor

No cambia el mundo el dolor 
pues la realidad germina, 
en su esencia más genuina, 
bajo el sol del puro amor 
y es, lo real, esa flor, 
de toda regla, excepción, 
solo abierta a la emoción, 
que lleva al conocimiento 
más allá del pensamiento, 
 mirando con la pasión. 

Cambia el mundo la dulzura 
de la amable felicidad, 
que, en la generosidad, 
desinteresada y pura, 
de nuestra viva ternura, 
va aumentándose sin pausa 
porque el amor es su causa 
y si, felices, nos damos, 
expresando lo que amamos, 
la nada, al ser pleno, pasa. 

Niña de lago y luna

Mi niña de lago y luna, 
eres tan dulce 
que me estás quemando la entraña, 
donde te tengo metida; 
ese afecto tan puro y noble 
con que me premias el alma 
siempre será el mayor bien 
que yo tenga en el mundo, 
el roce gozoso, en mi aliento, 
de tus labios de miel líquida. 

sábado, 6 de abril de 2013

Desolación

¡Qué fría es la muerte 
en los brazos de la soledad! 
¡Qué amargo es el camino 
sin la luz de esperanza 
que, en sus alas de mariposa, trae 
un alma amiga! 

Contra mi corazón despreciable

Ay, corazón torpe, lleno 
de prolija confusión, 
sordo ante el clamor 
de la honesta inteligencia, 
corazón vilísimo y miserable, 
necio y obstinado, 
otra vez me has traicionado 
y me has hurtado toda la dicha; 
ruin y brutal pecho mío, 
llévate todo el calor 
de los tiernos sentimientos 
con que a menudo me envuelves 
pues, como un ogro infernal, 
hecho una bestia maligna, 
todo me lo arrebatas 
en un segundo de rebelión. 
Mi dulce felicidad se aleja 
por tu perversa instabilidad, 
eres un demonio infecto 
y, entre cuanto mi ser conforma, 
tú eres lo que más detesto, 
antojadizo e indolente monstruo. 

Al abrir los ojos

He despertado en la noche 
y mis ojos se han abierto 
para ver en la oscuridad 
y, al sentir mi pecho frío, 
injustamente frío, 
incomprensiblemente frío 
(¿Por qué tan frío? 
¿Qué me has hecho? 
¿Cuándo dejé de quererte?), 
el crudo horror ha helado 
mis conmocionadas venas 
porque ahora dudo 
de que tenga corazón. 

viernes, 5 de abril de 2013

Mi calor

Tu presencia es mi calor vital; 
devuelve el aliento a mi entraña, 
regresa, trayendo contigo 
el perfume de cien mil flores. 

Qué diré en este poema

¿Qué diré en este poema? 
¿Me fallará el pensamiento, 
agotado todo su caudal 
tras vaciarse en un mar de versos 
que apenas nadie celebra? 
¿Quiere mi inteligencia descanso 
y, por eso, he de silenciar mi voz 
hasta que me preste una idea 
un templado hombre de negocios, 
un político respetuoso 
con el orden establecido 
o un humilde guía del espíritu 
que me recomiende moderación? 
No, Isabela; puedo 
escribir cien mil poemas, 
uno detrás de otro, 
pues la voz que en ellos canta 
no es la del necio interés 
o la de una máscara fría 
sino la de mi corazón que clama, 
desde su llaga siempre viva, 
por la verdad del alma. 

Qué merezco

¿Qué merezco yo, Isabela? 
¿Qué merece un hombre que se entrega 
a la verdad de su corazón? 
Merece ser dueño de la esperanza; 
merece que su ilusión no se apague, 
como la mecha de una moribunda vela, 
en la sombría trampa del desengaño; 
merece un mundo que amanezca 
con el brillo de la hermosa libertad 
aclarando el horizonte. 
Merece, Isabela, que solo la muerte sepa 
extinguir sus sueños. 

La verdad que hay detrás

Isi, quizá soy un tonto 
por seguir soltero 
cumplidos los cuarenta y ocho; 
quizá soy un iluso 
por buscar el amor 
cuando otros buscan nietos; 
quizá soy un viejo, 
un viejo verde y deshonesto 
que codicia tu belleza tersa; 
quizá las trivialidades 
de los hombres vulgares 
esconden joyas de sabiduría; 
quizá mi sinceridad 
es verborrea ebria y senil 
y la literatura es, en realidad, 
adornado disimulo; 
quizá el mundo no tenga arreglo 
y debería aplaudir el cinismo 
y la desidia de los pesimistas; 
quizá, como me dijo un psiquiatra 
hace algunos años, 
lo mío ya no es tener ilusiones, 
sino esperar el final, 
mientras veo crecer a mis sobrinos; 
quizá, Isabela, todo esto sea cierto 
y puedo acabar en los platós 
de los programas más detestables 
por haber amado tanto 
a una niña tan pura y dulce; 
quizá soy tan solo un despojo 
a disputarse los lobos 
de la vil mercadería humana; 
pero, si todo eso es cierto, 
déjame que me siga engañando, 
déjame que busque la felicidad, 
déjame que siga creyendo que lucho 
por salvar el corazón humano, 
déjame con este sueño delicioso 
que embriaga mis días.  

jueves, 4 de abril de 2013

Que el amor te traiga

Mujer de diamante, 
dulce utopía de mi pecho, 
miel y llaga de mis entrañas, 
eres el fundamento de mi ser 
y, en el hueco de tus manos, 
se esconden pozos de felicidad. 
No quiero asirte las alas, 
con la tenaza de mis dedos, 
quiero que, altiva, te remontes 
hasta las seductoras nubes 
y que vueles con libertad 
hacia el viento y la luz; 
no más que el amor ha de traerte 
a mi regazo tierno 
cuando añores el descanso. 

Por qué la quintilla

¿Por qué habré escrito una quintilla 
cuando lo que quería decir 
era, simplemente, mierda? 

miércoles, 3 de abril de 2013

Hondas dudas

Como animal de caverna 
que, solitario y sombrío, 
repta en la tiniebla eterna, 
mi alma añora la luz tierna 
en este tiempo vacío 
de incertidumbre y hastío. 

Qué tiene de extraño

¿Qué tiene de extraño, Isi, 
que te haya entregado mi vida, 
que, con reverencia y admiración, 
haga de ti la cumbre de mis sueños, 
qué tiene de extraño, mi niña buena, 
que te venere de esta forma, 
que te ensalce y bendiga, 
como si fueras mi dios, 
si mi corazón te quiere 
con el amor más sencillo? 

martes, 2 de abril de 2013

Ante ti

Muestro ante ti mi corazón, 
desnudo de jactancia e intereses, 
sin pudor ni reverencia, 
sin aderezos; 
no estás viendo más 
que mi corazón, 
entero y despojado; 
dime ahora que me desprecias 
solo porque detestas lo que eres 
y reniegas de tu esencia 
porque, aunque hables de mis defectos, 
no te podré creer. 

Bendición

Bendigo la eternidad, bendigo el mundo 
en sus días y sus noches, 
en sus montañas y nubes, 
en sus ríos y sus lunas, 
bendigo la fuerza del viento, 
bendigo la lluvia y el celoso rayo, 
el sol resplandeciente, 
los pájaros y las flores, 
la fe de la primavera, 
la avaricia del invierno, 
bendigo la luz de mis ojos, 
bendigo mi aliento, 
mi fuerza, mi voluntad, 
bendigo mi alegría y mi esperanza, 
infinitas como nuestras almas, 
bendigo 
cuanto me permite ahora estar vivo 
y lo ensalzo con júbilo, 
porque me abriste dulcemente 
tu corazón de niña 
y la felicidad desborda mi pecho. 

lunes, 1 de abril de 2013

Fracaso

Mis palabras son pasto del viento frío, 
la lluvia de mis lágrimas fluye hasta el mar, 
mi grito por el hombre suena hueco y laso 
en los corazones que me escuchan, 
la indiferencia va formando el sedimento 
de mi inexorable y triste fracaso, 
pero la luz de mi voz no desfallece 
porque mi compromiso es con la honda verdad. 

Incomprensible

Si la generosidad no existe, 
si, tras el amor, se esconde 
una sórdida mentira, 
si, cuando nos vamos, no hay nadie 
que, en su corazón, también muera, 
si esclavos somos de las causas, 
marionetas de la carne, 
almas de trivialidad y hielo 
a las que solo el interés mueve, 
si este mundo es vanidad 
y la verdad es fría y mezquina, 
si no importa nada un hombre, 
si los sentimientos hondos 
son mera humareda caduca, 
si no llegaste a mi puerto 
por darme luz con tu afecto, 
¿para qué quiero la vida, 
corrompido y nauseabundo cenagal 
que no conoce la belleza?