sábado, 23 de marzo de 2013

Te escribo

En mis versos soy 
corazón vencido 
pero mi prosa también llora 
lamentando el triste drama 
de las almas prácticas 
que, con alambre de espino, cercan 
la esperanza y la vida. 
Escribo con las alas 
de la libertad 
y la ilusión me guía 
en busca del infinito 
al que pertenece mi espíritu. 
No quiero grises cadenas 
ni barrotes de plomo 
atándome el aliento. 
Cuando me hiciste, Isabela, 
gozoso morador de tu exuberancia, 
una dicha profunda 
arrastró fuera de mi pecho 
la sombría asfixia a que me entregaba 
este mundo evidente y pragmático, 
frío y agonizante. 
En tu corazón prodigioso 
hay tanta esperanza reservada 
para el mundo y para mí 
que solo de ti bebe 
el manantial de mis letras. 

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