viernes, 15 de febrero de 2013

El fruto del egoísmo

Foto: jesusruizcabrera.blogia.com 
¡Qué escuálido es el fruto 
del egoísmo frío 
para el corazón del hombre! 
¡Qué sombría soledad la de un pecho 
al que mueve el interés 
y la dicha desconoce 
de amar con generosidad! 
No hay mar tan vasto 
como la insatisfacción de ese hombre 
que vive para sí mismo 
hasta el último de sus días. 
Tu alma es, Isi, rocío 
del que mi pecho bebe, 
rayo de un sol que amanece 
para mis entrañas francas; 
tu alma es tan pura y sencilla 
que yo necesito amarla. 
Si mi frente traicionara, 
por un oscuro salario, 
esta dulzura de amar 
que inflama nuestros corazones 
y hace a nuestros pechos ansiar 
un herido abrazo de inocencia, 
 de modo vil, perdería 
toda mi hermosa esperanza. 

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