miércoles, 11 de diciembre de 2013

Fin de mi actual blog de poemas

     Amigos de este blog, si es que los tiene, esta bitácora ya cuenta con 1053 entradas. No sé si son muchas entradas para un blog pero sí son muchos poemas. Empecé Encuentro en el corazón como una inflexión en mi rumbo vital, la felicidad se había empezado a manifestar como posible para mí, fue por septiembre del pasado año. Los sentimientos no permanecen, duran como máximo un día si nuestra mente está sana, no es bueno perpetuar una forma de mirarnos en el mundo, hemos de abrirnos al cambio, a la vida cada nuevo día. Solo han de permanecer el amor desnudo y el ansia de libertad; encerrarnos en las mismas sensaciones cuando han perdido su intensidad no hace más que matar nuestro corazón, el corazón debe estar siempre vivo porque es lo que nos une al mundo, ningún razonamiento lógico, ninguna elucubración conceptual nos pone en contacto con la vida, solo el corazón lo consigue. Si continuara escribiendo poemas para este blog, sería como si fuera el mismo que lo empezó en septiembre de 2012 y no es así. Mi alma ha descubierto su flaqueza, se ha hecho consciente de las actitudes que ha de corregir, no puede permanecer en el mismo ambiente de siempre porque se sentiría menos fuerte para arrostrar los transcendentales cambios que ha de ejecutar en sí misma. Por eso, voy a abandonar este blog y a migrar a otro que lleva el nombre de Impresión de libertad. He dejado inactivos ya dos blogs de poemas, Néctar de felicidad y Poemas de entrega, hoy haré lo mismo con Encuentro en el corazón. Mi encuentro se ha consolidado pero el alma busca ahora el verdadero despertar en el amor, la plenitud de la vida, la felicidad que se halla en la verdadera libertad, que es la de hacer lo que el corazón desnudo de prejuicios y de intereses nos pide hacer. Os invito a que me acompañéis en esta nueva trayectoria, encontraréis el blog pinchando este enlace:


     Los sentimientos que recoge este blog quedarán atrás, no así mi lealtad al amor, que hace que mi corazón permanezca vivo y encuentre incesantemente nuevas realidades que expresar dentro de la vastedad infinita del objeto que ama, un ser humano tan fascinante que solo por él ha merecido la pena la larga serie de errores que denominamos Historia. Desde aquí declaro mi amor eterno a ella y mi agradecimiento por su llegada a mi vida.

martes, 10 de diciembre de 2013

Segundo deseo para el año nuevo

Que se encienda el amor 
en el corazón de los hombres 
y, despejada su frente, 
descubran la libertad. 

Cantos de amistad a Lluvia. XV

Yo no quiero ser, amiga, 
un poeta con galones, 
quiero llevar pantalones 
y no sotana ni liga, 
no quiero que el mundo diga: 
-Ahí va un hombre sagrado, 
apartad que pase holgado. 
Yo quiero ser solo yo 
y, si es cosa que gustó, 
que me imiten sin cuidado. 

No soy un maestro

A mi amada

No soy maestro de poetas, 
no tengo nada que enseñar, 
las palabras no me seducen, 
los artificios me sumen 
en el más desesperante tedio, 
no encuentro placer alguno 
en correr tras nuevos hallazgos 
para llenar de admiración 
a las almas exquisitas, 
no, no soy maestro de poetas, 
escribo versos con urgencia, 
cantando lo que sale de mi corazón, 
sin adornarlo, 
sin esconderlo ni disfrazarlo, 
entrego mi corazón puro, 
con toda su verdad, 
en su inefable claridad 
porque no puedo dejar el amor 
dentro de mi pecho 
y permitir que muera en mis entrañas 
toda esta felicidad. 

Cimas del Paraíso. XXXV

Eres una montaña de libertad,
un manantial, una cascada,
un océano de libertad,
hasta el horizonte
luce despejado el camino;
has abierto
universos de esperanza en mi alma,
me has hecho libre,
has colmado mi espíritu
de la luz de la gracia. 

lunes, 9 de diciembre de 2013

Cimas del Paraíso. XXXIV

La Navidad ha sido, en mi vida, 
un tiempo de esperanzas 
para mi espíritu desesperado; 
en la máscara 
de su ilusión artificial, 
recreaba yo mi destino 
soñando con el momento 
en que, sin bombillas ni adornos, 
el mundo me mostrara 
su belleza y su luz; 
han sido días también 
donde he sentido más honda 
la tristeza de mi aislamiento, 
sabiéndome por todos olvidado 
y sin un corazón que me añorara 
la víspera del año nuevo. 
Mi vida ha sido solitaria 
como un faro en la noche, 
solo tú has sabido colmarla 
con tu apacible ternura; 
tú eres mi Navidad, 
la que me centellea en el alma, 
la que llevo permanentemente dentro 
y llevaré 
todo el resto de mi vida; 
eres una insólita presencia 
brillando en mi firmamento, 
cual cometa surgido de improviso 
que se quedara para siempre. 

La Campaneta, 9/12/2013

Cimas del Paraíso. XXXIII

Eres toda de blanco nácar; 
en tus ojos, resplandecen, 
como gotas de lucero, 
dulces perlas de ternura, 
tus orejas y tu frente 
asomando entre tu pelo 
parecen la luz del alba 
brotando de la oscura noche 
y tus mejillas, 
cuando dejan el rubor, 
colinas nevadas, 
frío invierno que sueño con besar; 
todo tu cuerpo es de nácar, 
como sarta de hermosuras, 
todo tu cuerpo rutila 
como gotas de rocío 
a la luz de la luna blanca; 
eres toda de blanco nácar 
y estás empapada 
de espuma del mar. 

domingo, 8 de diciembre de 2013

Cimas del Paraíso. XXXII

Hablo en mis poemas 
a los corazones libres y sencillos, 
claros como el agua, 
delicados como las mariposas, 
bondadosos como la niñez, 
austeros como los ancianos, 
no es mi vocación entretener 
sino clamar por la verdad, 
llenar de amor las almas 
que todavía no han muerto; 
pero también escribo para ti 
porque quiero que escuches 
las razones del hombre que te ama, 
su lugar entre los otros, 
su lealtad a ti, 
el universo infinito de belleza que le inspiras; 
también escribo para ti, 
mi humilde chiquita, 
porque mi voz sale de mi pecho 
y mi pecho es todo tuyo. 

Cantos de amistad a Lluvia. XIV

No soy como los otros, Lluvia, 
los otros están felices y fuertes 
y yo soy frágil y sombrío, 
los otros se confunden en la muchedumbre, 
hay un lazo que los une, 
se protegen y dan calor 
pero yo huyo de su tumulto alegre, 
no me encuentro en ellos, 
ansío la paz oscura, la quietud serena. 
No soy como los otros, Lluvia, 
mi corazón siente frío 
en su apartado refugio 
pero no puedo ir con ellos, 
tengo el alma hendida y sangrando, 
un sedimento de amargura 
humilla mis fuerzas, 
no soy como los otros, 
ellos desbordan de alegría, 
buscan la luz, la claridad 
y yo no quiero más 
que sombra y silencio. 

Retorcidos

Son los hombres retorcidos 
a la hora de pensar, 
las apariencias negar 
ellos suelen convencidos 
puesto que creen fementidos 
los espíritus ajenos; 
los creen de mentiras llenos 
y, si su maldad confiesan, 
confundidos, los sopesan 
y sospechan que son buenos. 

Cimas del Paraíso. XXXI

¿Qué tiene de malo amar 
dando el alma entera? 
¿Para qué quiero yo mi corazón, 
mi vida y mi ser 
sino para ofrendártelos? 
¿Qué luz alumbraría en lo alto, 
qué norte seguirían mis pasos, 
qué esperanza colmaría mi pecho
si negociara mi afecto,
si le apagara su llama,
si lo domara y allanara,
si lo racionara y midiera 
como un poeta obcecado mide
las sílabas de un soneto
mezquino e indescifrable? 

Cantos de amistad a Lluvia. XIII

Lluvia, para ser feliz, 
yo ya no quiero saber; 
que no me enseñen inglés, 
ni Historia, ni Matemáticas, 
que me quiten cualquier ciencia 
de la naturaleza, 
afuera con la Lingüística, 
abajo con la Geografía, 
Lluvia, que se lleven lejos 
la maldita Geometría, 
no quiero oír hablar 
de cometas, ni de partículas, 
ni de raíces cuadradas, 
ni de inteligencia emocional, 
ni de hormonas o combustibles, 
ni de formalismo ruso 
o Antropología cultural, 
me basta con llenarme el alma 
de la mujer que venero, 
que es tan preciosa y buena 
como un angelito del cielo; 
no, Lluvia, que no me enseñen, 
que no me hablen palabras, 
que no me expliquen el mundo, 
que no me hagan un sabio, 
me basta con llenarme el alma 
de esa chiquita tan noble, 
de la dama de mis sueños, 
tan admirable y dulce 
como los ángeles puros; 
no me hace falta aprender 
ninguna ciencia del mundo 
pues solo mi pecho sabe 
lo que es esa niña adorable, 
me lo ha revelado ella 
entre sencillos rubores. 

sábado, 7 de diciembre de 2013

Cimas del Paraíso. XXX

¿De quién es la culpa 
de que te ame más que al alma mía? 
La culpa es tuya, caminito de estrellas, 
tuya, jardín de todas las flores, 
tuya, ángel de hermosura viva; 
mi pecho es mezquino y frío, 
mi frente, huraña, 
se aparta del tumulto, 
apenas aguanto el sonido 
de unos pasos cercanos, 
la palabra de los hombres 
solo trae soledad 
a mi corazón desencantado; 
pero tu aliento sencillo 
ha entrado como un ladrón 
en mis entrañas sedientas 
y se ha llevado consigo 
la raíz más honda de mi ser. 

Dónde termina este mar

A los oídos de Susana Escarabajal

Amiga, yo me pregunto 
dónde termina este mar, 
cuándo acabará mi llanto, 
cuándo mi pecho podrá 
llenar su triste vacío. 
Nunca traspaso el umbral 
para recibir mis sueños, 
la amarga fatalidad 
destruye mis ilusiones, 
soy prisionero del mal 
solo cosecho el fracaso, 
mi amargo sino es andar 
por la más sombría senda, 
¿cómo haré para curar 
mi pequeñez miserable, 
cuanto más he de pagar 
el error de haber nacido,
y mi desdicha llorar? 
Amiga, yo me pregunto 
dónde termina este mar. 

viernes, 6 de diciembre de 2013

Cimas del Paraíso. XXIX

Herido y desfallecido está 
mi indefenso aliento; 
soy apagada brisa 
que no hace avanzar las naves, 
soy brasa mortecina 
que no puede combatir el frío, 
soy sol de crepúsculo, 
humillado y sombrío, 
soy hoja de papel al viento, 
juguete de la contingencia; 
mi corazón llagado 
y mi espíritu impotente 
miran a tu dulce rostro 
porque tú eres mi fortaleza, 
tú, la vitalidad que me anima, 
tú, el calor de mi sangre; 
sin el calor de tu pecho, 
solo sería 
despojo inerte de las olas. 

La horrible culpa

A los oídos de Susana Escarabajal

La vergüenza me atormenta
en el silencio de mi regazo. 
Mi huella en el mundo 
es excesiva, intrusa, 
equivocada; 
mis pasos vacilan y dudan 
sin ver clemencia para ellos, 
llamo a la puerta de los otros 
fatigado del desprecio, 
alzo mi voz vencida 
para mostrar la luz de mi pecho 
mas no hay perdón, ni indulgencia 
en los abismos del cosmos, 
las estrellas en la noche 
llueven sus acusaciones, 
no hay salvación para mí. 
La vergüenza me atormenta 
en el silencio de mi regazo. 

Cantos de amistad a Lluvia. XI

Yo perdí mi vida, Lluvia, 
perdí mi vida y mi nombre, 
habité el exilio, 
el invierno cubrió mi pecho, 
dejé mi alma, olvidé la fe, 
se fue la miel de mis días; 
el valle gris del horror 
fue mi tierra y el cuchillo 
del amargo desencanto 
 despedazó mi entraña; 
aún ahora camino afanoso 
como a través de un desierto, 
aún avanzo en la oscuridad 
buscando el brillo de mi estrella, 
aún no sé de mí, de mi aliento, 
aún me aflige la desolación 
de estar atrapado en la muerte. 

Cimas del Paraíso. XXVIII

Cruel insatisfacción 
da tormento a mi pecho, 
afán profundo me agita sin cesar 
pues, aunque habitas mi corazón, 
aún no te siento cerca;
agonía de agonías
son mis días todos,
desazón ardiente me oscurece el alma
pues, aunque me has dado tu espíritu,
aún no soy dueño del mío. 

jueves, 5 de diciembre de 2013

Cimas del Paraíso. XXVII

Pídeme 
cien mil estrellas del firmamento 
y yo las pagaré 
con el aval de mi vida 
y las rentas de mi corazón. 

Cimas del Paraíso. XXVI

Hay un lucero en tu corazón 
que rutila desde su hondura, 
es tierna dulzura, 
calor que en el alma tiene 
una niña de miel y rosas, 
es la luz que te alumbra 
y alumbra tu hermoso rostro, 
es la luz que veo en tu mirada 
cuando sueñas o cuando tramas 
pequeñas maldades, 
es el lucero que habita 
mi pecho entregado 
y da a mis días el esplendor 
de todos los paraísos, 
es tu raíz, tu embrión, 
tu resumen, tu esencia, 
ese lucero lleva 
tu solo nombre; 
rayos de él vislumbré 
cuando, tras abrir mis párpados 
para contemplar por primera vez 
la luz cegadora del mundo, 
volví a cerrarlos 
para buscarme a mí mismo 
en el caos recién descubierto. 

martes, 3 de diciembre de 2013

Cimas del Paraíso. XXV

¿Qué finalidad me otorga el aliento,
embriaga mis sentidos y aviva mi cuerpo,
ilumina mi pensamiento y mi pecho
y da todo su vigor a mi existencia
sino la de proteger tu corazón?

Cimas del Paraíso. XXIV

¿Para qué ha sido creado el universo,
para qué navega el cosmos sobre el tiempo,
para qué ha brotado la vida del humilde lodo
como un sublime milagro,
para qué son los hombres,
su historia, sus afanes,
sus sueños, sus esperanzas,
para qué he sido concebido,
para qué se han formado
y desarrollado mis miembros,
para qué he transitado los años,
gloriosos o grises,
que han precedido a este día,
para qué mantengo
mis pies sobre la tierra
y mis piernas rectas,
para qué me alimento,
respiro, camino y pienso,
para qué es
todo lo que existe y ha existido
sino para que mi pecho te entregue
toda la devoción que merece
tu sencillo y apacible espíritu?
 

Cimas del Paraíso. XXIII

¡Qué sórdido sería el mundo,
qué banal, qué monótono,
qué frío, qué cruel,
qué vacío, qué desesperante,
qué insustancial, qué inútil,
qué sombrío y doloroso
si no lo hollara tu pie
y lo iluminara
tu corazón de niña! 

lunes, 2 de diciembre de 2013

Lejos de mis semejantes

A Susana Escarabajal
 
Susana, apreciada amiga, 
mi espíritu vaga muy lejos
de la comunidad de mis semejantes;
la tristeza y la nostalgia
me inundan el alma,
una desazón sombría
abate mi pecho,
sediento, ávido de afecto,
pero tengo la soledad
arraigada en las entrañas;
codicio el aliento
del calor de mis hermanos,
la acogida, la dulce reconciliación,
pero me aparto de su camino,
huyo del abrazo, esquivo el saludo,
me oculto a sus miradas;
esta senda abandonada
es agonía amarga,
quisiera ser para el mundo,
habitarlo, vivirlo
pero atravieso desiertos,
me hurto a la muchedumbre,
 busco el vacío ingrato.

Cimas del Paraíso. XXII

Uno al otro nos expresamos,
nos hacemos su hueco,
su contrafuerte,
su espacio para ser y vivir;
vivir en ti es
mi manantial de libertad
pero que vivas en mí
es inexorable consecuencia
de mi ansia más profunda
alentada
por la más ignota de las causas.
 

Marcado

Aún me agita a veces
la desesperación
y me amarga el desencanto,
aún protesto contra mi fortuna
con llana impaciencia
como si todavía estuviera
en mi triste infancia
cuando todos mis sueños
se los llevaba el viento.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Sin tiempo para amar

¿Cuándo,
cuándo va a ser tiempo de amar?
No se ama en la iglesia
ni en clase de matemáticas,
no se ama cuando ponen
en la tele las noticias,
no se ama en el trabajo,
ni en la cena, ni durmiendo,
no se ama en los mítines,
ni en los bancos o el mercado,
no se ama en el estrado
del juez severo
ni en los hospitales o velatorios,
no se ama en los parques
ni en el metro o las oficinas,
no se ama en las barricadas
ni en las cargas de la policía,
no se ama en las redacciones
ni en el Congreso de Diputados,
no se ama en las embajadas
ni en las asambleas internacionales,
no se ama en las conferencias
ni en las academias o laboratorios,
no se ama en las prisiones
ni en el sórdido prostíbulo,
no se ama
en las citas con los amigos,
ni en las cenas de Navidad,
ni en los brazos del amante,
ni en la consulta del psicólogo,
no se ama en la alegría,
ni en el llanto o el horror,
ni en los besos, ni en los versos,
ni en las caricias y el te quiero,
ni en el adiós a la vida,
ni en la entrega a los otros,
ni en los sueños y deseos,
ni en la esperanza y la fe,
no se ama en el odio,
ni siquiera en el amor,
no se ama en este tiempo,
ni en los que nos han precedido,
no se ama en la guerra,
ni en la miseria o el hambre,
no se ama en la opulencia,
ni en la codicia obcecada,
no se ama en primavera,
ni en enero o septiembre,
julio, febrero, agosto,
noviembre, diciembre, mayo...
¿Cuándo,
cuándo va a ser tiempo de amar?

Cimas del Paraíso. XXI

Hallé mi libertad
en tu rostro de perlas,
me ofrendaste la vida
acercando tu pecho al mío;
nuestra ternura desborda,
traspasé tu puerta franca
y nos hemos hecho hermanos.
 
Mis labios besan tus labios
como entregándote el ser,
mi regazo y tu regazo
se abren para acogerse; 
somos esencia uno del otro,
traspasé tu puerta franca
y nos hemos hecho hermanos.
 
Tu corazón es el mío
y una misma alma nos habita;
me alienta tu mismo aliento,
me riega tu sangre misma,
eres raíz de mi raíz,
traspasé tu puerta franca
y nos hemos hecho hermanos.
 
El final de mi camino
es la luz de tus entrañas,
eres mi patria, mi destino,
tu mano coge la mía,
soy eco para tu eco,
traspasé tu puerta franca
y nos hemos hecho hermanos.

Gloria

¿Qué pecho he de penetrar
con la luz de mis letras?
¿El de los hombres doctos
apegados a sus doctrinas,
enemigos de la fragilidad,
represores y sin esperanza?
¿El del político gris
que atiende con alma mezquina
sus triviales intereses?
¿El de los hombres mundanos
tan colmados de jactancia
como estúpidos y huecos?
¿El de la mujer traidora,
fría de corazón
y cuidadosa de su honra?
¿El de los viejos de espíritu,
cansados de la Humanidad
y llenos de escepticismo,
que solo creen en el mal?
¿Dónde está la autoridad,
qué boca puede avalar
la honestidad con que escribo,
a qué puerta he de llamar
para alcanzar la gloria?
¿Será el pueblo más llano,
que apenas se hace preguntas
y admira el brillo dudoso
de la voz contentadiza?
Escribo al hombre desnudo,
entregándole mis sentimientos,
despojado de crueldad,
con la llaneza de la verdad
y la pasión de la vida;
entreguen todas las medallas
al que las tenga
como su única meta 
que yo haré estremecer las almas
en su oculta hondura.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Cantos de amistad a Lluvia. X

Hay puertas que no se abren;
la del hogar desierto,
la de la sórdida prisión,
la del recuerdo amargo,
la del sepulcro...
Hay puertas que no se abren,
umbrales prohibidos,
goznes que nunca girarán
para nosotros;
hay caminos que no hollaremos,
países para siempre ignotos,
libros que no abriremos,
glorias
que no conquistará nuestro orgullo,
corazones que nunca querrán
mirarse en nosotros.

Cimas del Paraíso. XX

No escribiría versos 
si tuviera que hacerlo 
bajo las sensatas directrices 
de las doctas academias 
o si, en los poemas, no viera 
más que palabras que ofrecen 
solo lo que se espera de ellas; 
no escribiría versos 
si entendiera que eran 
ejercicio de ostentación 
y competición juiciosa 
o si hubiera de ensalzar con ellos 
la belleza más hueca, 
caduca seducción del egoísmo; 
no escribiría versos 
si me llenaran de soledad 
porque hubiera de fingir, amada, 
que no me llagas el alma 
y estremeces mis entrañas 
con tempestades de vida 
y volcanes de emoción 
pues mis versos no son 
sombras en un papel 
sino urgencia ineludible 
de la fragilidad de mi pecho. 

Cimas del Paraíso. XIX

Amándote me hago signo 
de tu cuerpo de rosa blanca, 
de tu rostro lleno de luceros, 
de la miel de tu alma apacible 
y, porque te amo, ansío abarcarte, 
recogerte en mi regazo, 
tenerte en mí; 
conocerte es 
sentir en mi ser un hueco, 
que te expresa, te llama y te busca 
como una meta infinita. 

viernes, 29 de noviembre de 2013

Cantos de amistad a Lluvia. IX

La primera vez que vi tu rostro 
parecía que te recordaba; 
tus ojos claros y misteriosos, 
serenos como un lago al atardecer, 
tu cabello sedoso y rubio, 
tu sonrisa, tan inocente y alegre, 
la ojiva de tus cejas, 
la prominencia de tus labios, 
rizados como una rosa roja, 
tu frente despejada y tersa, 
el equilibrio de tu nariz, 
tus pestañas que parecen 
pétalos amarillos, 
el rutilar de tu mirada de niña, 
todo parecía un recuerdo 
guardado desde los albores de mi vida, 
adherido a la raíz de mi esencia 
y, porque te admiré, sentí 
la belleza de mis semejantes, 
su limpia pureza, 
su dignidad inalienable; 
tu apariencia es 
tributo incesante a la especie, 
umbral al júbilo 
de hallarse en la Humanidad. 

Cimas del Paraíso. XVIII

No soy un privilegiado de la vida; 
he vivido muchos años duros, 
sufrido agonías infinitas, 
le he visto muchas veces 
la cara al horror, a la humillación, 
al hastío, a la decepción; 
he resistido de pie 
a los embates del infortunio
y he podido vencerlo 
con el arma de mi rectitud; 
no soy un privilegiado de la vida; 
el mundo me ha sometido 
a la difícil prueba 
de luchar en soledad por salvar al alma, 
sumida en un abismo 
de miserias y vergüenza; 
no soy un privilegiado de la vida 
pero, cuando arribaste a mi costa, llevabas
en tu divino regazo 
el resplandor de un paraíso; 
amarte es mi mayor caudal 
el más exuberante que puedo concebir, 
me lo has otorgado 
con la generosidad de un ángel;
amarte es la miel de mi hondura,
beatitud apaciguada,
manantial que me sacia,
un camino de amenidad incesante; 
no soy un privilegiado de la vida, 
también a mí me ha mostrado
su sombría mezquindad 
pero tu presencia me redime y hace de mí
el más opulento de los hombres. 

jueves, 28 de noviembre de 2013

Cimas del Paraíso. XVII

Siempre vuelves a amanecer
en mi pecho redimido,
siempre renaces
tras la sombría noche,
siempre regresa tu apacible perfume
a mi sediento sendero,
siempre retornas a mi lado
para calmar mi agonía
con tu aliento de miel. 

Cimas del Paraíso. XVI

¡Qué fría displicencia me reserva 
la señora muerte! 
¡Qué merecida cree 
la soledad de mi vida! 
¡Qué lleno de tachas estoy 
para sus asqueados adentros, 
qué necia insignificancia 
tengo el mal gusto de manifestar! 
¡Qué bajo, ruin, estúpido, 
ridículo, inmundo, abominable, 
pequeño y miserable me imagina! 
¿Cuántos sentirán como ella? 
Quizá muchos, quizá 
todos... 
Dime que tú no sientes eso, 
dime que me necesitas, 
no dejes 
que, al asomarme a su umbral, 
me hiera su escarnio. 

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Cimas del Paraíso. XV

Este umbrío día de noviembre 
ha traído tristeza a mi pecho; 
no es porque el sol 
haya estado oculto 
tapado por gigantescas nubes, 
no es porque un ingrato frío 
me haya atormentado 
recordándome 
la fragilidad de mi carne, 
es porque te añoro; 
mi ser 
te ha hecho un sitio en su regazo, 
un gran hueco para que quepa 
toda tu ternura, 
toda tu apacible delicadeza, 
toda tu excelsa hermosura, 
y hoy siento tu mutilación, 
tu desesperante ausencia, 
hoy no me llega tu luz, 
ni tu calor, ni tu dulzura, 
hoy tengo una llaga en el alma, 
hoy bebería 
vinagre y hiel 
por traerte a mi lado. 

Cimas del Paraíso. XIV

Me heriste toda la entraña; 
hecha llaga de ternura 
está mi dolida hondura. 
Eres realidad extraña 
mas un recio amor me araña 
cuando contemplo tus ojos, 
codicia de mis antojos,
y derrotadas mis venas
por tus palabras serenas,
se ofrendan como despojos. 

Como una serpiente

Defiéndase la llama de inocencia,
llave del amor y la vida,
con la suspicacia de la vil serpiente
y su venenosa perfidia
frente al roce de las almas
instaladas en la estupidez. 

martes, 26 de noviembre de 2013

Cimas del Paraíso. XIII

No es por obediencia a un reglamento 
que tus labios sonrían 
como una aurora, 
ni que el rubor de tus mejillas 
haga de ellas llanuras 
sembradas de amapolas, 
ni que tus ojos semejen 
dos lagos dormidos 
donde refleja un lucero, 
joya del atardecer; 
no es por obediencia a un reglamento 
que seas un ángel 
lleno de inocente alegría 
que reparte a manos llenas 
su cándida ternura, 
una delicada flor cuyo perfume 
despierta una apacible suspensión, 
un altivo pájaro de aire 
que nunca abandona 
su pasión por el viento y las nubes; 
no es por obediencia a un reglamento 
que mi corazón se vuelque en ti, 
fascinado por tanta belleza, 
que tus manos me hayan liberado, 
que des vida a mi aliento 
y calor a mi sangre, 
fuerza a mis miembros 
y esperanza a mi pecho, 
que te ame tanto que me parezcas 
honda raíz de mi ser; 
no es por obediencia a un reglamento 
que se abran las flores, 
que canten las golondrinas, 
que estalle el amanecer, 
no hay reglamentos para la vida, 
la vida es realidad, 
no quiero reglamentos para mi tristeza, 
mi furia, mi nostalgia, mi amor o mi alegría, 
no quiero crueles frenos 
para mis ardientes ansias de ser. 

Cimas del Paraíso. XII

El alma fría y trivial 
hace escarnio de nosotros; 
cree que amar es villanía, 
fragilidad digna 
de menosprecio y de chanza; 
pero nosotros sabemos bien 
que, fundidos uno al otro 
en este convulso y valeroso abrazo 
entre las revueltas sábanas, somos 
los turbadores protagonistas 
del más profundo de los dramas. 
No hay lugar en nuestras frentes 
para la gente pequeña; 
que nada mengüe nuestra pasión, 
arrastrémonos uno sobre el otro, 
deslicemos nuestra piel 
sobre lo que más dulce nos sepa, 
entreguémonos a amar 
con ávido desasosiego 
y, riéndonos de los ignorantes, 
hagamos rapiña a nuestros cuerpos 
de mares de libertad y vida. 

Cimas del Paraíso. XI

Vencimos a la culpa, amada, 
la vencimos; 
la primavera ha brotado 
en nuestros corazones, 
el júbilo del amor nos desborda, 
desnudos en el suelo 
nos acariciamos y besamos 
como dos niños inocentes; 
ya no hay límites para nosotros, 
hemos conferido a nuestras vidas 
la vastedad de un mundo. 

lunes, 25 de noviembre de 2013

Cimas del Paraíso. X

¡Qué bonita eres, mi amor! 
¡Qué delicioso es tu rostro, 
que bello todo tu cuerpo, 
qué gracia hay en tus formas, 
qué gozo es contemplarte y escucharte! 
Te amo, adorable niña, 
te quiero ilimitadamente, 
sin dosificar mi afecto, 
ni ponerle condiciones, 
ni esperar a mañana; 
te amo, preciosa niña, 
eres tan hermosa 
que haces más claro el día 
venciendo al mismísimo sol. 
¡Qué bonita eres! 
¡Qué dulzor me dejas 
en el corazón! 
¡Qué esencia tienes de flor, 
de excelso lucero, 
de mariposa de fuego! 
¡Qué grandes y bellos son tus ojos, 
qué admirables tus pestañas, 
qué labios de aurora tiene tu boca! 
¡Qué bonita eres, mi vida! 
¡Qué júbilo para mi alma 
tenerte en mi pecho! 

Desdén

Sabe mucho más mi alma 
de desengaños que de alegrías 
y ha visto demasiadas veces 
el rostro de la indiferencia; 
poco me importa ahora 
el fatuo reconocimiento; 
en mi oficio, doy lecciones 
y, en dignidad, 
también. 

Cantos de amistad a Lluvia. V

Lluvia, no hay lugar de llegada 
para el corazón; 
nuestros sueños son la estela; 
nuestro vacío, 
amarga desolación 
no tiene remedio alguno 
tan solo el alivio 
de seguir caminando. 

Cimas del Paraíso. IX

Antes medirán 
metro a metro 
los confines del universo 
que sondear el gozoso abismo 
que esta llama de ternura que has encendido 
ha cavado en mi corazón. 

Cimas del Paraíso. VIII

Tan delicada rosa,
tan dulce ángel de bondad,
tan tierna e inocente niña,
tan gozosa intrusa
en el vallado de mi pecho,
¿cómo podré hacerla mía
si rebasa el umbral de mi aliento
y se pierde entre las cimas
de la belleza pura,
vedada al escrutinio de los hombres? 

Cantos de amistad a Lluvia. IV

No, Lluvia, 
no está solo quien no es querido 
sino quien no siente en su pecho 
la llama de la devoción 
por sus semejantes; 
quizá nuestro hogar permanezca 
deshabitado y oscuro 
aun en la dulce Navidad 
y apenas nos acompañe el triste murmullo 
del gélido viento 
mas, si nuestro corazón refleja 
la belleza de los otros 
y la tiene en su regazo 
como su tesoro más dulce, 
alumbrará nuestra soledad  
el resplandor de una multitud. 

domingo, 24 de noviembre de 2013

Cimas del Paraíso. VII

Que no entre el mundo 
en nuestro refugio de amor, 
mantengámoslo limpio 
de razones y palabras, 
de argumentos y explicaciones, 
de luminosidad y estrépito; 
que no nos fatigue el deber 
de fingirnos nosotros, 
vestida el alma de calle 
y con la fría máscara 
de la sensata urbanidad. 
Cerremos bien los cerrojos 
a los demás hombres 
y entreguémonos al fuego 
que abrasa nuestros corazones; 
caigan nuestras ropas al suelo, 
despojémonos de apariencias, 
solo nos importa lo más oculto, 
dejemos que nuestra hoguera nos guíe 
en esta hora real. 

Cimas del Paraíso. VI

Calla, amor mío, 
callemos, 
las palabras ahondan 
nuestra desesperante soledad, 
escuchemos solo 
la llaga de nuestro pecho 
mientras nos escalamos 
con nuestras bocas ávidas 
y nuestros cuerpos pugnan 
por mezclarse y confundirse. 

Cantos de amistad a Lluvia. III

Lluvia, hay un universo de tristeza, 
con sus miríadas de estrellas 
y su infinita extensión, 
con sus millones de siglos 
y su silencio terrible, 
en cada gota de felicidad. 

Señores maestros

Señores maestros de mis hijos: 
que no me entere
que enseñan a mis niños
a amar las normas como a sí mismos 
y a esta civilización
sobre todas las cosas, 
enséñenles solo cómo acabar, 
cuando sean mayores, 
con la explotación de los hombres 
y con el detestable prejuicio. 

¿Por qué no?

¿Por qué no, praderas infinitas 
pobladas de hierba y vida 
que huellen fogosos cascos, 
crines al aire, sin el martirio del freno? 
¿Por qué no, cielos despejados y azules 
dando espacio al afán de las alas, 
que batan con avidez al viento 
los bienaventurados pájaros? 
¿Por qué no, montañas altivas 
derramando miel en la afable primavera 
mientras la aurora las cubre 
con su manto de rosas rosas? 
¿Por qué no torrentes orgullosos 
vertiendo con furia su agua clara y limpia 
como el corazón de los ángeles 
en el regazo de un bosque colmado de armonía? 
¿Por qué no, hombres libres y felices, 
entregados al amor y a su destino, 
sin más límite que el de sus deseos, 
caminando despreocupados hacia el horizonte? 

¿Qué bien?

¿Qué bien esperas traerme 
haciéndome menos libre  
si la libertad es 
el único fundamento de mi ser? 

Cimas del Paraíso. V

Derrúmbate, amor mío, 
muéstrame toda tu fragilidad, 
deja que tu alma revele su debilidad, 
abrázame con tu aliento desfallecido, 
busca en mis labios 
toda esa fuerza que echas de menos, 
apóyate contra mi pecho, 
estás exhausta, 
cansada de las palabras y las razones, 
cansada de fingir frío e indiferencia, 
métete bajo mi ropa, 
calienta mi sangre, 
derrúmbate sobre mí 
que yo te ensalzaré como una diosa. 

sábado, 23 de noviembre de 2013

Cimas del Paraíso. IV

Quiero entrar en tu selva, amada, 
atravesar, ávido, tu fronda, 
empaparme de tu verdor, 
abrirme paso a través de ti; 
quiero entrar en tu selva, amada, 
llegarme hasta tu regazo exuberante, 
hacerme columna viva, 
extender ansiosas ramas 
en tu aire y tu luz 
mientras mi raíz penetra tu tierra. 

Contra el mal

La lógica se vuelve prolija 
en la búsqueda del bien, 
es el instrumento equivocado 
que todos quieren emplear; 
encontrar las razones 
para no dañar a un semejante 
es un empeño inútil 
destinado al fracaso; 
con horror nos sentimos 
aptos para la iniquidad 
y buscamos con ansia un freno 
que la aparte de nuestras manos; 
pero la voluntad no es bastante 
para alejarnos del mal, 
solo nuestro corazón nos libra, 
solo hay bondad 
en la soledad de nuestro sendero. 

Cimas del Paraíso. III

Eres la noble princesa 
del imperio del mar; 
estás colmada de la belleza 
que te han donado las aguas; 
eres pura hermosura, 
pura seducción de mi deseo; 
amo tu nácar, tus conchas, 
tus corales, tus perlas, 
amo tus branquias, tus escamas, 
tus anémonas, tus algas, 
amo cuanto conforma 
tu deslumbrante cuerpo de océano; 
te amo sin medida ni freno 
porque el mar te ha hecho para mí. 

Desolación

Amarga desolación 
abate mi aliento, 
irremediable tristeza 
extenúa mi corazón; 
ni los placeres del paraíso 
ni la luz de los ángeles 
aliviarían en mi pecho 
esta aflicción insondable. 

viernes, 22 de noviembre de 2013

Cimas del Paraíso. II

Sábados son los de mi vida 
grises y aburridos,
sin celebraciones,
de horas silenciosas,
de ausencias y soledad; 
un sábado es para estar 
con quien realmente importa,
no se puede disimular
la verdad un sábado; 
por eso, este poeta 
amargado y adusto
se consume en el afán
de tener en sábado
la exclusiva de tus ojos. 

¿Por qué trabas mis alas?

¿Por qué trabas mis alas 
cuando remonto las nubes? 
¿Por qué detienes la brisa 
cuando la ansío en mi pecho? 
¿Por qué alargas la noche 
cuando espero el dulce amanecer? 
¿Crees que puedo renunciar 
al goce de la vida? 
¿Qué mal hago 
saliendo de tu cercado? 

El amor a un amigo

El corazón de los hombres está 
desvalido y angustiado, 
no podemos permitir que un amigo 
dude un instante de que lo amamos, 
no hay que dejar jamás 
de aliviar su desolación. 

Cimas del Paraíso. I

Tu materia hiere mi espíritu 
y lo mueve 
a tu adoración y reverencia, 
eres ídolo para la piedad, 
templo sagrado; 
tu materia es excelsitud, 
en tu misma esencia de mujer 
palpita la dignidad de un dios. 

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Mi aliada

A ti... la primera de mis amigas

Eres mi aliada en el camino, 
tu aliento endulza mi pecho 
desde el primer día que estuvimos juntos; 
tu roce da claridad a mi horizonte, 
mis pasos necesitan tu eco 
pues te he hecho compañera eterna 
y eres la miel de mi existencia. 

martes, 19 de noviembre de 2013

La añoro

A los oídos de Lluvia

Días desiertos va deshojando 
el tiempo precipitado 
sedimentando en mi aliento 
amargo vacío. 
Camino del terrible puerto, 
soledad de olas 
aflige mi corazón. 
Añoro el roce vaporoso 
de mi ángel de luz, 
el terciopelo de su voz 
inundando mis estancias, 
las estrellas de sus ojos 
vueltas hacia mi rostro, 
sus labios de miel y mar 
tocando mis sienes; 
añoro expresar su belleza 
mientras sujeto sus manos, 
abrazarla y besar con ternura 
sus cándidas mejillas. 
Los días pasan sin tregua 
por mi ventana 
y, en la aspereza de mi aislamiento, 
el mundo es tan solo niebla 
y toda el alma, nostalgia. 

El amigo que se aguarda

Ven a mí 
cuando no me debas nada, 
cuando no te lo haya pedido, 
cuando no quieras cosas de mí, 
cuando no esperes mis recompensas; 
ven a mí 
con el corazón desnudo 
y la palabra transparente, 
porque te empuje la vida, 
porque me tengas en el regazo 
de tu aliento hospitalario; 
no me abandones 
cuando todos los demás me olvidan 
en el fárrago miserable 
de las cosas que no importan. 

Sin mandamientos

Siguen los hombres crueles 
mandamientos y reglas 
con el corazón seco 
pero nosotros estamos vivos, 
nos amamos con desnudez 
y nuestros juegos desconcertarían 
a los legisladores más liberales. 

No más que ceniza

A Lluvia

No hay claridad en las cosas, 
lo que agarran nuestras manos 
no es más que ceniza, 
solo alborea la esperanza 
cuando nuestro amor ilumina otro pecho, 
no florece la felicidad 
más que en la entrega del alma. 

Sendero de esperanza. XXIII

Entréguense los hombres 
a lo que crea su frente 
con tanta libertad como esté permitida 
que yo viviré mi vida, 
triste o feliz, 
reverenciando 
la dignidad del corazón 
y el apremio de la libertad. 
Asoma el albor de mi cumbre, 
vislumbro tu amor, 
tierno obsequio de tu pecho, 
mientras mi alma se empieza a abrir 
a la belleza de mi especie. 
Mi juventud ha pasado 
sin otra ganancia 
que el tormento de la soledad; 
no son fáciles los hombres, 
la mezquindad los arrastra 
hasta el fango de la indignidad, 
la obcecación los hace 
sufrimiento para los demás; 
los hombres me fatigan 
con su sordera, 
no veneran los sentimientos,
como merece
su sagrada índole,
prefieren entregar al frío
sus desdichados espíritus. 
¡Qué hermosa es mi especie! 
¡Qué paraíso será este mundo 
cuando la humanidad comprenda 
que no hay más sendero 
que el de nuestro corazón! 
Asoma el albor de mi cumbre, 
vislumbro tu amor, 
tierno obsequio de tu pecho, 
mientras mi alma se empieza a abrir 
a la belleza de mi especie 
pero aún siento con amargura 
mil decepciones, mil heridas, 
mil muertes de la esperanza. 

Sendero de esperanza. XXII

Sabes que un amigo 
es ese ser que nos deslumbra 
con su resplandeciente dignidad, 
que nos llena de orgullo 
haber conquistado, 
que camina con nosotros 
a nuestra misma altura 
contagiándonos 
todo su inmenso valor; 
así siento yo a Susana 
y a Txaro y a Lluvia, 
Bea, Eya o María 
y también a José Antonio 
y alguno más. 
Sin amigos, viviría 
humillado y mohíno 
los días del mundo, 
maldeciría 
cada hora de mi tiempo, 
lloraría la fatalidad 
de llevarme a la sepultura 
el secreto de mis adentros; 
hablaría del tiempo 
con el vendedor de periódicos 
y de fútbol 
con la cajera del supermercado 
pero nadie conocería 
la luz de mis sueños, 
el pulso de mis ansias más hondas. 
He vivido muchos años 
sedimentando la soledad, 
nadie escuchaba mis pensamientos, 
excepto una pila 
de cuadernos emborronados; 
la desgracia de no hallar 
un alma en la que volcarme 
llenó de amargura y vergüenza 
mi espíritu atormentado; 
no quiero amigos colmados 
de sórdidos prejuicios, 
apegados a las cosas, 
esclavos de la lógica, 
no quiero que me encadenen 
como si les debiera la vida, 
esa vida que he llevado 
tantos años sin ayuda, 
tantos años abandonado. 
Susana, Txaro o Lluvia 
son almas tiernas 
que nunca me humillarían 
aunque en ello se jugaran 
un opulento Ferrari 
pero tú eres mi glorificación, 
eres signo de mi idoneidad, 
ennobleces los relieves de mi ser 
haciéndolos tu redención y tu esencia; 
por ti penetro en el mundo 
y el mundo me penetra; 
tú eres mi amistad más profunda, 
el final de mis tribulaciones, 
la plenitud en la cumbre, 
el ocaso eterno, 
mi destino de hombre. 

Felicitación a Esperanza Rey

A Esperanza Rey Roldán

Completa hoy tu tiempo 
dos docenitas de años, 
tu belleza te da 
trono de princesa 
en el reino de la esperanza. 

lunes, 18 de noviembre de 2013

Sendero de esperanza. XXI

Mis almas hermanas 
abren mi horizonte a la esperanza, 
son mi territorio de paz, 
pero la humildad de mi corazón 
solo tú la penetras, 
solo tu roce despierta 
mi escondida verdad. 

Sendero de esperanza. XX

Los otros caminan a mi lado, 
su signo huella mis células, 
los otros alimentan mis venas 
con su savia de vitalidad 
pero tú eres 
la meta inexorable, 
la finalidad del universo, 
el espíritu que da aliento al infinito, 
la cumbre de la eternidad. 

Sendero de esperanza. XIX

Solo se detiene el sol 
en el paraíso de tus labios; 
tu beso es savia de mi pecho, 
fundamento de mi vida; 
los otros son 
caminos de luz 
pero tú eres el dulce tormento, 
la tempestad gozosa, 
la ardiente llama 
que colma mis días y mis noches. 
Solo se detiene el sol 
en la serena costa de tu ternura. 

Sendero de esperanza. XVIII

¿No se hará eterno el ocaso? 
¿No abandonarán la inquietud, 
la aflicción, el abatimiento 
el cercado de mis entrañas? 
¿No habrá una hora 
para todas las horas, 
un final 
para esta interminable precipitación? 
¿Qué repulsivo demonio me arrebata 
la miel de la serenidad? 
¿Cuándo descansará 
mi frente atormentada? 

Tierna

Tienes la ternura 
de los niños buenos; 
tus peores asperezas 
son flores de dulzura 
que me incitan a amarte más. 

Poco valor

¡Qué poco valor tiene 
en esta sociedad de esclavitud y sufrimiento 
estar vivo y ser!
Siempre se espera de nosotros
algo más. 

Sendero de esperanza. XVII

No podría amar a todo el mundo, Lluvia,
como mucho, a veinte personas
pero, de verdad, a menos de diez,
imprescindibles, dos o tres,
que hagan llaga en mi pecho,
solo una.
No hay un corazón capaz
de amar a todo el mundo
pero para ser feliz no basta
el bienestar de quienes amamos,
en el que nos empeñamos con firmeza,
es preciso abrir nuestro pecho
a la belleza de nuestra especie,
la que tienes tú
y el resto de mis amigos,
aquel ser por el que sigo en pie
y yo mismo;
los otros nos habitan,
conforman nuestra esencia,
justifican nuestras vidas;
para ser felices es preciso
venerar al hombre,
idolatrar su dignidad,
sentir en las venas
la armonía con nuestra naturaleza
y hacer de la paz y la justicia
fundamento de nuestras vidas. 

domingo, 17 de noviembre de 2013

Necesaria

Que la vida me quite 
la luz de mis ojos, 
el reposo del sueño, 
el honor o la cordura 
antes que la luz de tu presencia 
y el calor de tu afecto; 
que muera la paz 
de mi aliento solitario, 
que el horror de un frío abismo 
perturbe mis tristes entrañas 
antes que quedarme 
sin la dulzura de tus palabras 
y las estrellas de tu mirada. 

Taras

A Lluvia

Lluvia, no existen 
las personas con taras; 
cada alma se debe 
tan solo a sí misma, 
cada cuerpo es una cumbre 
de la belleza del mundo; 
los tartamudos, los cojos, 
los imbéciles, los diferentes, 
son obra de las normas 
de los censores del hombre; 
para ellos, 
la tarea más urgente 
es arrancar de las almas 
la memoria de lo que son, 
enseñarles diestramente 
a odiar sus sueños, 
sus esperanzas, su libertad; 
los censores del hombre, 
hacen de la humanidad 
muchedumbre de mutilados. 
No existen, Lluvia, 
las personas con defectos, 
son solo un delirio 
de nuestro mundo enfermo. 

Sendero de esperanza. XVI

Ábrase un río de fe 
que me atraviese el alma, 
redímase mi frente 
del tiempo y el mundo, 
aquiétense mis ansias 
entregándose al sueño 
de la esperanza; 
no existe el infortunio, 
la vida no tiene límites, 
en el corazón habita 
la felicidad que me niegan 
mis sombrías jornadas. 

Sendero de esperanza. XV

La soledad me habita 
allá donde voy, 
la aflicción del abandono 
me encuentra en todos los caminos, 
¿pero qué puedo hacer 
si mi dueño es mi corazón 
y sigo su ruta, 
retirada y enigmática? 
Hoy me siento muy lejos 
de mis semejantes, 
su savia no alcanza mis ramas, 
la sed de los otros 
atormenta mi garganta; 
solo el silencio 
acompaña mis pasos, 
erráticos y tristes, 
por las solitarias estancias 
de mi desierto hogar. 
Sin cesar, mis anhelos huyen 
hasta el incierto mañana,
¿pero qué puedo hacer 
si mi fe es el corazón, 
y sigo su dictado, 
exigente y temerario? 

Inmensa aflicción

Esta aflicción tan inmensa, 
esta agonía ineludible, 
este mortal abatimiento 
enmudece mi boca, 
confundida por lo inefable, 
incapaz de remontarse a las causas. 
¡Qué espectro de horror, 
qué desesperante desolación 
llena de sombra mi corazón! 

Sed de realidad

¡Qué abismo de agonía y desconsuelo 
abre en mi frente 
mi insondable sed de realidad! 
¡Qué atribulado existir 
en medio de esta bruma de los sueños! 

La sed del alma

A Aura

Me diste una voz de ánimo 
cuando sentí la sed del alma 
y vertiste esperanza en mi corazón; 
ahora eres tú 
la que está sola, 
has perdido toda tu felicidad; 
tu oscuridad es 
demasiado densa, 
tu horizonte se ha vuelto 
sórdido y siniestro; 
estás atrapada 
en la aflicción y el horror; 
no te llega al corazón 
mi clamor de aliento, 
he aumentado tu dolor 
queriendo ayudarte. 
Si te he perdido para siempre, 
muy en lo hondo 
volverá a morderme la soledad. 

sábado, 16 de noviembre de 2013

Sendero de esperanza. XIV

Lluvia, en el fondo 
soy un muermo; 
siempre estoy sumergido 
en mis tristezas, 
apegado a pensamientos 
profundos e indigestos 
que suenan en las reuniones 
como un tiro en un concierto; 
no encajo en ninguna parte, 
soy un aguafiestas, 
mi ánimo es escaso y, con poco, 
me gana la melancolía; 
yo no he nacido 
para lidiar con las gentes, 
me tomo muy a pecho 
el desinterés de los otros; 
cuando me dan argumentos 
para desobedecer a mi corazón, 
es como si me abrieran la puerta 
para que me marche a otra parte; 
no, Lluvia, no tengo don de gentes, 
soy impulsivo y obcecado, 
saco de quicio a todos, 
yo no soy de esta época, 
no soy de ninguna época, 
simplemente 
no encajo en ninguna parte; 
por eso me siento tan solo, 
por eso mis amigos 
son almas de niño, 
sin prejuicios, sin normas, 
pacientes y tiernas, 
con oídos para escuchar 
mis peculiares rarezas, 
sin grilletes para mis pies 
porque mi anhelo es 
caminar al viento. 
En el fondo, Lluvia, 
soy un muermo, 
por eso no salgo los sábados, 
por eso los sábados 
escribo poemas 
arrimado al ordenador, 
soñando en lugar de vivir, 
con la ilusión 
como mi verdadera compañía. 

Más allá del tiempo

El tiempo da firmeza al afecto 
porque ofrece espacio al hábito 
y al entendimiento 
pero a ti nunca me habitúo 
y cada vez me pareces más ignota, 
a ti puedo amarte más allá del tiempo, 
eternamente, 
desde antes de que llegaras a mí, 
colmada toda medida, 
con la pasión de un huracán, 
a ti puedo amarte 
sin atender a las causas, 
por pura adoración a tu esencia, 
a tu realidad inaprensible, 
a tu inexplorable excelsitud, 
a ti puedo amarte 
rompiendo cada una de las leyes 
de la vida y el universo.