martes, 25 de diciembre de 2012

Tormenta

Foto: noticias.es.msn.com
Mi deseo arrecia 
como la furiosa lluvia de esta tarde, 
que, oblicua, se precipita 
sobre la ventana de nuestra alcoba. 
Eres agua que me empapa 
y me chorrea; 
en los ahogos a que me entrega, 
me debato, desdichado, 
lleno de ansia 
por beberte y por expelerte. 
Los relámpagos restallan sin cesar 
como si quisieran avivar aún más 
la hoguera de nuestros cuerpos. 
En una sola llama, Isabela, 
tú y yo ardemos al atardecer, 
dulce fuego que nos derrite 
imposible de apagar. 

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