martes, 30 de octubre de 2012

Siempre te escucho

Siempre te escucho, Isabela, 
con la humildad del esclavo 
y con la fe de los niños; 
tus palabras yo las ando, 
tus deseos yo los siento, 
a tu yugo yo me allano, 
por tu mirada yo veo 
y por tu raíl yo avanzo; 
en el alma no me pesa 
mi marcha hacer con tus pasos. 
A mi corazón le es dulce 
haberse a tu fuero atado 
pero la vil sumisión 
del cobarde despojado 
de su libertad sagrada 
mi espíritu no ha manchado; 
soy tan libre cuanto quiero 
cogido siempre a tu mano; 
el mundo ahora es más grande 
por la fuerza con que te amo; 
el camino se despeja 
cuando camino a tu lado. 

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