domingo, 28 de octubre de 2012

Eco en el mundo

Como el claro sol 
de un mediodía de otoño, 
que, con tibia llama, 
acaricia la piel erizada 
y seca la tierra húmeda, 
así eres tú para mi corazón.

Como un hilillo de miel 
que se desliza, denso, 
por fuera de las paredes de cristal 
que lo contenían, 
dulzura desbordada, 
así eres tú para mi corazón. 

Como el recio clamor de la lluvia fértil 
crepitando sobre el tejado 
un día de noviembre 
mientras los pájaros se refugian 
entre las hojas de los árboles, 
así eres tú para mi corazón. 

Como el color azul del mar, 
que, al rizarse, se torna blanco 
como un armiño, 
pues no caben en su infinito manto 
más que los colores de la inocencia 
así eres tú para mi corazón. 

Como una noche serena de agosto, 
con luna llena 
a la que cantan los grillos 
y en la que el hogar se convierte 
en camino de mil insectos, 
así eres tú para mi corazón. 

Como la felicidad de vivir, 
Isabela, 
que se instala en el alma 
al encontrar en el mundo 
un eco de su más profunda esencia, 
así eres tú para mi corazón.

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