domingo, 30 de septiembre de 2012

El papel rector del corazón en el arte y en la vida


     Yo creo que lo mismo en el arte que en las relaciones personales (amigos o pareja) lo fundamental es el corazón pero he observado que algunas personas quieren hacer intervenir también a la cabeza en el papel rector, dándole un puesto colaborador asociado con el corazón. Yo pienso que eso no hay que hacerlo pero no todo el mundo comprende que el corazón es lo suficientemente digno y autodependiente.

     Os voy a explicar en términos puramente intelectuales lo que yo creo que es el corazón. La inteligencia es lo que nos permite conocer, ¿estamos de acuerdo? ¿Y cómo conocemos? Conocer es atribuir una característica a una cosa pero eso hay que hacerlo recurriendo a lo conceptual. Si digo que mi perro es negro, he utilizado un concepto, algo que en la realidad no existe tal cual, lo que Platón llamaba las ideas y que también sirve para crear palabras, me refiero al concepto "negro". No existe lo negro en el mundo, existen solo cosas negras y tampoco todas las cosas negras tienen el mismo tono negro. Para decir que mi perro es negro he tenido que abstraer el color de todas las cosas que consideramos negras y convertir el resultado en el concepto "negro", algo, por lo tanto que no existe, es una mera elaboración de la mente. Eso es la cabeza, el órgano que utiliza los conceptos, creaciones del pensamiento sin existencia real.

     ¿Y qué es el corazón? Para mí el corazón es lo que sí existe, aquello que no se ha abstraído para formar conceptos y que está fuera de nuestro pensamiento, lo real. Lo real, lo concreto, no podemos expresarlo directamente pues, como he dicho, las palabras se forman a partir de las abstracciones y los conceptos. Lo real tampoco lo podemos conocer, no es inteligible, aunque esto os suene muy raro, porque las características que atribuimos a las cosas concretas para conocerlas son abstracciones, creaciones mentales que nos ayudan a conocer la realidad pero solo de manera aproximada e irreal: el color negro de mi perro y el color negro de un trozo de carbón o de otro perro son cosas completamente distintas observadas en su realidad concreta. Por tanto lo individual, lo concreto, lo real no podemos expresarlo ni conocerlo. La "cosa en sí" que decía Kant, está más allá de lo cognoscible, se nos oculta incluso a la percepción porque percibimos en base a lo que pensamos.

     Pero aquí entra el arte y el amor en juego. El arte no expresa lo individual pero lo representa, lo imita mediante una representación que utiliza un material distinto al que forma la cosa concreta que queremos representar, que suele ser el sentimiento del artista o sus vivencias, y ese material es bien el sonido, el mármol, la pintura, la palabra, etc... El artista, al utilizar ese material para representar su sentimiento, procura que sea transparente para el lector, porque el objetivo del arte es evocar mediante la representación de los sentimientos del artista, los del espectador para crear una comunión de sentimientos. ¿Y por qué los sentimientos? ¿Qué hace que consideremos los sentimientos lo individual, lo concreto, lo único por antonomasia? Sencillo: el hecho de que el corazón, el órgano de los sentimientos sea lo que nos une con los objetos reales, mientras que la percepción y la inteligencia sean elaboraciones de la cabeza que nos aproximan solo un poco a la realidad. El amor, pues, es lo que nos acerca más a la realidad del mundo, a lo concreto. El amor, al contrario que el arte, sí puede expresar lo concreto, es el único lenguaje capaz de expresar lo concreto. Un beso expresa a la persona amada pues solo ella lo puede recibir de la manera que lo recibe de nosotros; una caricia, una mirada... todo cuanto nos empuja a hacer el amor es expresión de la persona amada, de su realidad concreta.

     La inteligencia es un mero instrumento de manejo técnico de la realidad pero la auténtica experiencia de la vida, la experiencia de la realidad más directa es tarea del corazón, porque el corazón nos presenta la realidad tal cual, en su más puro realismo y concreción. De modo que, en el arte y en la vida personal, debemos usar el corazón en el papel rector.

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